El escritor zamorano Jesús Ferrero ha presentado este martes en el Instituto Petrarca de Madrid su último trabajo La noche se llama Olalla, una novela negra que no renuncia a la “poética” y la mitología en la que presenta un nuevo caso de la detective Ágata Blanc tras el éxito de El beso de la sirena negra. La presentación ha corrido a cargo de la profesora de literatura y directora del taller de escritura creativa del instituto, Jacinta Cremades, que ha entrevistado al autor ante estudiantes, presentes y futuros literatos.
La ambigua e inquietante detective parisina
Ágata Blanc, que ya hizo las delicias de los lectores con su primer caso en
El beso de la sirena negra, vuelve con una nueva y apasionante investigación en
La noche se llama Olalla. Aunque asegura que la nota “muy independiente”, el escritor
Jesús Ferrero sigue siendo el padre de la criatura y este martes ha presentado en el Instituto Petrarca de Madrid las pesquisas que mueven a Ágata por el Madrid de 2012, crítico en lo económico y en lo moral, para descubrir la verdadera historia de Olalla, una joven fallecida supuestamente en un accidente de tráfico.
En una entrevista conducida por la directora del taller de escritura creativa del Instituto Petrarca,
Jacinta Cremades, el autor ha descrito el punto de partida de la novela como “una historia de amor que se interrumpe en su momento más cálido y paradisíaco” generando verdaderos “
juegos de venganza”. Ferrero ha defendido que en la
novela negra –“habitualmente considerado un género chico”, como ha subrayado Cremades- “cabe toda la literatura del mundo”.
“Puedes tomar el género como vehículo para vender y utilizar el lenguaje al servicio únicamente del hilo argumental, o puedes utilizar sus bases más fundamentales como excusa para hacer literatura”, ha postulado Ferrero. El autor de
El efecto Doppler o
Bélver Yin ha expuesto que en esta segunda aparición de Ágata Blanc, aunque sigue bebiendo de lo policíaco porque “hay un detective” y “alguien busca a alguien”, el género “estalla completamente”. El resultado es, según Cremades, una “novela muy poética”.
Ferrero ha explicado que
La noche se llama Olalla aúna dos proyectos: la proyección del personaje de Ágata más allá de la primera novela, por un lado, y una salida, por el otro, a su interés perenne por
el fin del mundo y las profecías apocalípticas que coparon noticias y tertulias en el año 2012. “Cuando haces profecías, estás animando a cumplirlas y el 2012 fue un año especialmente sangriento, sobre todo en lo relativo a asesinos en masa”, ha expuesto.
Aunque asegura que el género negro “se presta especialmente bien para narrar una crisis”, niega “sentido de la oportunidad” u “oportunismo” al situar la acción de su libro en un Madrid ahogado en lo económico y lo moral. “Empiezas a escribir creyendo que va a ser una cosa y luego es otra”, ha dicho. Lo que tenía claro Ferrero es que, como ya hizo en
Las trece rosas, quería contar la “evolución de la historia en una atmósfera de locura general”.

La profesora Jacinta Cremades y el escritor Jesús Ferrero durante su charla en el Instituo Petrarca.
Tras la muerte de Olalla en las primeras páginas del libro, el lector conoce a la fallecida, centro de la investigación y de la obsesión de Ágata, a través de un diario. “El diario es una radiografía del alma de Olalla, quería que el lector se diera cuenta de lo que se iba a perder con su muerte”, ha explicado el autor.
Una de las máximas del estilo de Ferrero es “no explicarle al lector todo el rato lo que está pasando” porque “él lo va descubriendo con los personajes”. Así, el también guionista se centra en la construcción de esas ya personas que pueblan los renglones de sus textos hasta el punto de “darle al personaje todo tu ser, plegarte a él en el momento de la escritura”. Lo importante, dice, “es poder vivirlos muy desde dentro”, algo que considera “divertido”.
“Te lo pasas bien en esa especie de metamorfosis porque te conviertes en otra persona y no hay nada más aburrido que ser uno mismo”, señala. Aun así, y aunque reconoce que puede extraerse esa conclusión, no considera a Ágata Blanc un alter ego de sí mismo. “La noto muy independiente, empieza a funcionar como una máquina autónoma y creo que me va a sorprender incluso más de lo que creía”, ha asegurado sobre su protagonista. De hecho, ha confesado que suele sentirse “más identificado” con personajes secundarios de sus novelas.
Al público presente en la charla que ha mantenido con Cremades, la mayoría alumnos del centro académico y, por tanto, presentes o futuros literatos, ha recomendado ser “generosos” porque “el 90 por ciento de las veces” que uno escribe “está experimentando”. También ha demostrado el amor por su profesión al afirmar que “la escritura es una de las prácticas que más placer le pueden procurar a la conciencia” y ha advertido de que “es muy difícil que la literatura te arrastre de verdad si no existe la voluntad de definir el libro por uno mismo”.