El club de las economías desarrolladas se ha tomado la molestia, y el tiempo, de estudiar la reforma laboral del gobierno de Rajoy, y sus efectos. El resultado de su investigación se puede
resumir en: “Bien, pero hace falta más”.
Bien, porque “a pesar del difícil entorno económico que sigue existiendo, ha aumentado la contratación indefinida entre las empresas desde que se aprobara la ley”. De hecho, “según las estimaciones de la OCDE, cada mes se crean en torno a 25.000 nuevos contratos indefinidos gracias a la reforma, fundamentalmente en empresas con menos de 100 empleados”.
La reforma le daba a las empresas otras soluciones, aparte de la del despido, para ajustarse a la realidad económica. Como por ejemplo reducir los salarios o reducir el número de horas trabajadas, y con ello la remuneración. También se han cambiado las normas de despido y la influencia de los convenios colectivos. Según la nota enviada por la institución, “los costes laborales del sector empresarial cayeron un 3,2 por ciento entre finales de 2011 y el segundo trimestre de 2013 y la OCDE estima que más de la mitad de dicho descenso se debe al citado paquete de reformas”.
Es decir, ganamos menos, pero empezamos a ver los efectos en que la caída del empleo y el aumento del paro ya no son tan pronunciados, o se han detenido. Esta es la evolución reciente, porque en el conjunto de la crisis los sueldos
han subido. ¿Es de extrañar que se haya disparado el paro? Desde el inicio de estas crónicas hemos dicho que la caída en los salarios era
la única salida.
Hay varios motivos. Uno es el de las causas. Nos hemos endeudado mucho, y la salida de esa situación pasa por rebajar nuestro nivel de vida. Lo explicó un banco y
lo recogimos. Estas eran sus palabras: “una caída en los salarios lleva a una inflación negativa y reprime la demanda de los hogares, lo que lleva a un superávit exterior. Se necesita una caída continua en el poder adquisitivo de los trabajadores para asegurar la sostenibilidad de una alta deuda pública, lo cual es una consecuencia desafortunada y raramente analizada de los altos niveles de deuda pública”.
El otro es el de
los efectos: “lo que hay que hacer es, o parece, muy sencillo: acumular capital y atraer capital. Empecemos por esto último. En primer lugar, éste huye de España a un ritmo pavoroso. Cada día que pasa somos más pobres. Pero podríamos darle la vuelta. ¿Cómo? Logrando que invertir en España sea atractivo. Lo será si los inversores ven que nuestra fuerza laboral tiene capital humano (que no es el caso, mayoritariamente), o que se puede contratar a precios bajos. Ah, pero los precios de contratación de los trabajadores españoles son altos, muy altos, en comparación con los de otros países. Luego lo que hay que hacer es bajar los costes laborales. Es decir, bajar los salarios”.
En eso estamos. Pero sigamos con la OCDE, porque señala que sigue habiendo graves problemas, y la alta tasa de paro no es el último, precisamente. Hay una gran segmentación del mercado laboral, y uno de los problemas son los costes de despido, que siguen siendo de los más altos de Europa, pese a que el Gobierno los rebajó en marzo de 2012. Por eso la OCDE pide rebajarlos. Por eso, y porque los costes de despido los tienen en cuenta los empresarios a la hora de contratar a una persona. Es decir, no la contratan y luego se dan cuenta de que cuando despidan al trabajador, si es el caso, tendrán que hacer frente a esa indemnización. Por eso, porque los empresarios tienen en cuenta esos costes, los costes de despido son costes de contratación. Y si contratar a un trabajador resulta muy caro, puede acabar resultando demasiado caro, y no se le contrata. ¿Cuánto habrá que abaratar el despido? Lo ideal es que no dependa de una decisión administrativa, sino que sean empleado y empresario quienes lleguen a un acuerdo mutuamente beneficioso.