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Este año se han cumplido 50 años de su muerte

Manuel Benedito, el discípulo de Sorolla relegado al olvido

jueves 26 de diciembre de 2013, 16:47h
En junio de este año se han cumplido 50 años de la muerte de Manuel Benedito, pintor valenciano discípulo de Joaquín Sorolla que todavía busca su sitio en la memoria popular y el mercado del arte, dos escenarios de los que sus obras fueron relegadas por una historiografía posterior que lo castigó por no haberse adherido a las vanguardias. Su fundación en Madrid se abre paso en la oferta cultural de la capital con la vista puesta en fomentar el conocimiento de su figura y contribuir a la puesta en valor de sus propuestas artísticas.
Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el arte valenciano vivió una época de esplendor como así atestigua la obra artística de Joaquín Sorolla, Ignacio Pinazo o Mariano Benlliure. Pese al éxito y acogida que tuvo su producción durante sus años de vida, sus obras y sus nombres fueron relegados a un segundo plano por una historiografía más pendiente de ensalzar las virtudes de los vanguardistas que de los artistas figurativos o paisajistas.

A diferencia de Sorolla o Benlliure, cuyas vidas y obras han empezado a ser conocidas gracias a la labor de casas-museos o de instituciones ligadas a ambos, como la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, otros artistas todavía buscan su sitio.

Es el caso de Manuel Benedito (Valencia 1875 – Madrid 1963), discípulo de Sorolla, miembro de la Hispanic Society, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la de San Carlos, y merecedor de premios otorgados en Múnich o París. Un artista que logró vender en 1918 un cuadro por 18.000 pesetas, lo que costaba un piso en la época.

“Tuvo mucho éxito hasta su muerte y luego cayó en el olvido”, explica a este periódico María Jesús Rodríguez de la Esperanza, directora de la Fundación Manuel Benedito, quien justifica tal actitud ante la obra del artista por las nuevas corrientes que comenzaban a abrirse en paso cuando todavía vivía: “El informalismo y la abstracción adoptaron una actitud de reacción ante el formalismo y la figuración que encarnaba la obra de artistas como Benedito”.

Sin embargo, Benedito estuvo al tanto de cuanto le rodeaba, aunque no se adhiriera a ninguna de las vanguardias. Así lo demuestran los cuadros que cuelgan de las paredes de la fundación que lleva su nombre, ubicada en la calle Juan Bravo número 4 en un local en los bajos de un edificio de viviendas que, de no estar atento el paseante, pasa inadvertido.

“Tuvo un estudio en París durante 1910 y 1911 y otro en Venecia, donde pasó otro año”, explica Rodríguez de la Esperanza. A esas estancias se sumó otras en Bélgica, Holanda o Reino Unido, países en los que pasó más tiempo durante sus viajes al extranjero. Fue en estos lugares donde conoció recursos de vanguardia propios del fovismo o el impresionismo que puso en práctica en sus obras.

Como pintor valenciano y discípulo de Sorolla, Benedito estuvo obsesionado con la luz, aunque con el tiempo la fue adaptando a nuevas propuestas. “Su paleta pasó de una luz muy mediterránea y amarilla a tornarse más anaranjada y a utilizar colores como el lila o el rosa, que no eran propios de la pintura de principios de siglo”.

Preguntada por si considera que la figura de Sorolla puede ayudar a dar a conocer a más a Benedito, Rodríguez de la Esperanza cree que para que el público “entienda cierta calidad o la procedencia de su pincelada, es necesario remitirse a su formación, donde está indudablemente Sorolla, con quien compartió el carácter mediterráneo de sus pinturas, aunque logró independizarse artísticamente de él”.

Tanto fue así que Benedito logró hacerse un hueco en Madrid como retratista de la sociedad de principios de siglo. “Retrató a los personajes más representativos del momento como a Alfonso XIII, Pastora Imperio, el tenor Titta Ruffo, La Chata o el general Weyler, implicado en la guerra de Cuba, además de a escritores, aristócratas o banqueros”. Asimismo, la fundación conserva un buen número de autorretratos que dan cuenta de la evolución física del artista desde sus primeros años como pintor hasta la vejez.

Rodríguez de la Esperanza cita como dos de sus más importantes influencias a Velázquez y Goya, y como sus mejores amigos a Pinazo y Zuloaga, con quien llegó a compartir la misma modelo, la Agustina.

“Fue muy sociable y apreciado, aunque no tuvo familia, pero sí adoptó a su sobrina Vicenta Benedito, a quien hizo su heredera y quien posteriormente creó la fundación para evitar que su obra quedara disgregada”, explica la directora de esta institución, que recibe al año una media de 2.000 visitas.

“Tenemos tantos visitantes como el Museo Nacional de Artes Decorativas”, afirma orgullosa, al tiempo que enumera los objetivos de la fundación que dirige: “Estamos trabajando en la difusión de las pinturas para poner en valor su obra y su figura. Para ese cometido hemos habilitado visitas guiadas con cita previa a aquellos interesados en conocer a Benedito y hemos creado una página web que pronto será traducida al inglés. También hemos entrado a formar parte de la red de voluntarios de museos españoles y ahora estamos intentando tener nuestra propia asociación de amigos, aunque para todos estos propósitos hacen falta patrocinadores y subvenciones, y para eso necesitamos tener una labor muy dinámica”.

Entre otros proyectos que maneja la fundación figuran organizar una exposición en el Museo Carmen Thyssen de Málaga animados por el éxito que tuvo la que acogió la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando este año en homenaje a la labor de Benedito como académico, y que atrajo a 10.800 visitantes. Además, se plantea la posibilidad de conceder una beca para promover la investigación de la obra del artista o para llevar a cabo la ardua tarea de crear un catálogo razonado de todo su trabajo.

Además de la obra conservada en la fundación, Rodríguez de la Esperanza afirma que también la hay en manos privadas, “mucha y que no conocemos”. Otros lienzos están conservados en la Colección Banco Santander – Cleo de Merode y Vuelta de la montería-, en el Museo San Pío V de Valencia – Corzo -, en la Colección Casa de Alba – XVII Duque de Alba - o en el Museo del Prado - Moro, Pescadoras bretonas y Retrato de una dama con velo y corona-, además de en el extranjero con presencia en Japón, Cuba, Chile, México o Argentina, a donde llegó obra del pintor durante la guerra.

Esperanzada en que el Prado decida incluir en su colección permanente alguna de las obras de Benedito, Rodríguez de la Esperanza destaca que otro museo de referencia como el Thyssen haya comprado recientemente en subasta El chico de la gallina lo que, a su parecer, confirma que la presencia de Benedito en subasta va en aumento. “Al contrario que hace años, cuando su obra pasaba inadvertida, notamos que cada vez despierta más atención entre los coleccionistas”.

La Fundación Manuel Benedito se puede visitar previa petición. Entrada 7 euros y 5 euros, la reducida.
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