www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Madrid no tiene quien la independice

sábado 21 de diciembre de 2013, 18:51h

En mi librería, Rubén Darío está al lado de Valle Inclán. A Rubén lo tengo en un tomo de Aguilar de su poesía completa, un tomito de cuero, papel de biblia y cordón verde para marcar las páginas. Valle, a su lado, está también en un tomo similar de la misma editorial, pero más grande, sin cordón pero con unos detalles tipográficos maravillosos, y con todo su teatro, su poesía y su prosa. Excepto “La lámpara maravillosa”. Ese tomito, lo tengo en Austral, de un verde de otra época.

Como Rubén y Valle están juntos en “Luces de Bohemia”, no hace falta ponerlos uno al lado del otro, pero yo los puse así en mi librería. Siempre pensé que eran amigos y se llevaban bien. Hasta que un día, llegué a casa antes de tiempo y Valle y Rubén estaban discutiendo desde sus respectivos tomos de obras completas. Yo los escuché durante un buen rato (lo hacían a voz en grito, y por otro lado me gusta oír a la gente ilustre) --a Valle con su voz de pito y a Rubén con su voz melosa y engolada-- hasta que comenzaron a insultarse. Entonces me interpuse. ¡Hasta ahí hemos llegado! Yo aguanto que mis libros discutan de lo que quieran, pero lo que no permito es que utilicen un lenguaje soez, y menos en mi presencia. La disputa la empezó don Ramón María, pero Darío respondió con su ironía aparentemente suave (que él cree muy parisina), y no tardó en liarse una de muy señor mío. Yo interpuse entre ellos el tomo de Austral de “La Lámpara maravillosa”. Sé que a Darío le gusta mucho, y pensé que funcionaría. Me imagino que podía haber probado con algo de Barbey d’Aurevilly, pero me producía más morbo intentarlo con algo del propio Valle. Y funcionó. O así lo creí.

El caso es que discutían por la independencia de Cataluña. Darío defendía que toda ciudad tiene derecho a pedir su independencia. Valle, visiblemente enfadado, le respondió que, en primer lugar, Cataluña no era una ciudad y, en segundo, que pedir la independencia era una necedad republicana fruto de la revolución francesa. Que cualquier alma sensible al paso del tiempo, siempre preferirá las ruinas del absolutismo a las cursilerías del republicanismo. Darío, seguramente por su origen republicano e independentista americano, no daba su brazo a torcer. El caso es que coloqué “La lámpara maravillosa” y la cosa pareció calmarse. Me lavé los dientes, y me fui a la cama. Pero confieso que cada vez que don Ramón María inicia una discusión en mi biblioteca me voy a la cama con un ojo abierto. Es un pequeño hombre con una cabeza picuda y una lengua irreductible. En efecto, desde la cama hoy unos murmullos. Me cubrí con la cabeza almohada. No quería más líos.

La mañana siguiente, me encontré un papel que sobresalía de “La lámpara maravillosa”. Estaba escrito con una letra cuidada, anticuada. Lo leí. Tengo la sospecha de que, para zanjar la discusión, y quizá en venganza de que yo la hubiera terminado con una obra de su amigo y rival, Rubén Darío tuvo la ocurrencia de escribir una versión de un poema suyo mofándose del integrismo de su querido don Ramón María. Como comentaba, el orgullo americano del poeta junto la influencia de sus años franceses le llevan a veces a estas cosas. Me he limitado a transcribir el texto. Juzguen ustedes mismos. Tiene un título: “Sonatina 2013”:

“Madrid está triste. ¿Qué le pasa a Madrid? Los suspiros se escapan de las bocas del metro, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. Madrid está triste solo hay que ver a Montoro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada se desmaya Esperanza… El PP puebla el triunfo de los fraudes legales y vestido de rojo piruetea Rubalcaba. Madrid ya no ríe, Madrid ya no siente; Madrid solo sigue por el cielo al Oriente la libélula vaga que Adelsón se llevó. ¿Piensa acaso en el rey de la Holanda o de China, o en el que ha disparado con su rifle argentino para ver de sus ojos la fiereza del león? ¿O en el jeque de las tierras del petróleo distante, o en la que es soberana de los ricos germanos, o en el dueño orgulloso del gas ucraniano? ¡Ah!, el pobre Madrid con sus bocas de metro quiere ser Barcelona, quiere ser Nueva Yorka, tener alas ligeras, ser portada del Time; ir a la lista de las diez buenas urbes, saludar a los aros olímpicos de mayo, o perderse en el viento sobre el trueno del mar. Ya no quiere el palacio, ni la limpieza en la calle, ni a Rajoy ensimismado ni al bufón escarlata, ni los barones ufanos con sus cheques en la mano. Y están tristes las flores por el olor de la corte, los tribunales constitucionales y los independentismos del norte, de oriente el cohecho, y los EREs del sur. ¡Pobrecito Madrid con sus edificios vacíos! Está preso en sus sueños, está preso en sus alcaldes, en la jaula mediática y en la TVE. Los periódicos soberbios, a su gusto lo maltratan, está lleno de manteros con sus mil y una mantas, de afanosos trileros que hicieron política de albarda. ¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (Madrid está triste, sospecha que ni existe). ¡Oh, visión adorada de una isla independiente! ¿Quién volara a la tierra donde la independencia existe, (Madrid está triste, sospecha que ni existe.) con más mar que Barna, con más río que París. –“Calla, calla, dice el expresidente; a caballo, con alas, hacia acá se encamina, el ideal federalismo que te quiere sin verte, y que llega de lejos vencedor de la Transición, a encenderte los labios con un beso de amor.”

No sé si Valle Inclán lo ha leído. Por si acaso, no se les ocurra enseñárselo. Quiero poder dormir en paz.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios