Electricidad, reforma a medio gas
domingo 22 de diciembre de 2013, 08:37h
Las fiestas de las Navidades, cuando apenas acaban de arrancar, se nos hacen ya cuesta arriba. La tarifa eléctrica subirá un mínimo de un 11 por ciento. Una subida muy importante por sí misma, y más si tenemos en cuenta que en los últimos años lo que pagamos por la electricidad ha subido en un 65 por ciento. En cualquier situación, un ajuste en la factura como ese sería difícil de digerir, pero teniendo en cuenta la situación de crisis que viven familias y empresas, resulta ser un golpe muy difícil de encajar.
La factura está dividida en dos partes que son prácticamente iguales. Una está formada por lo que se llaman los peajes del sistema, que incluye el coste de la distribución de la electricidad, diversos impuestos, o las primas a las energías renovables. La otra mitad la pone el mercado, y depende de la evolución del precio de la energía en una subasta que se celebra periódicamente. La semana pasada, el ministro de Industria, José Manuel Soria, indicó que la parte que dependía del gobierno subiría en torno a un dos por ciento. Una vez conocida la subasta, la subida global de la luz es la que hemos reseñado.
La primera reacción del gobierno ha sido rápida. Pero no deja de ser paradójica. El propio ministro Soria dijo que tal escalada de los precios de la electricidad era inasumible. Lo dice como si el Gobierno no tuviese nada que hacer al respecto. Luego los portavoces del Partido Popular apuntan, y no sin razón, a las malas decisiones del gobierno anterior. Luego el Ejecutivo, según reconocen en estas críticas, sí tiene responsabilidad, al menos en parte. Los populares se la achacan toda a los socialistas. Pero llevan ya dos años en La Moncloa, y a nadie pueden engañar apelando a la herencia recibida.
España tiene una capacidad instalada que es del doble de las necesidades habituales del país. Es decir, podríamos producir dos veces lo que consumimos. Dentro de esa capacidad, nosotros hemos apostado muy fuertemente por las más caras, las energías renovables. En un mercado libre tendrían una implantación muy pequeña. Pero están fuertemente subvencionadas; un premio que se traslada, y sólo en parte, a nuestra factura. Es decir, que siendo como es ya mucho lo que pagamos, no es lo suficiente como para hacer frente a los costes reconocidos de producir electricidad con energías renovables. Es el déficit de tarifa. Una deuda de los consumidores con las eléctricas que procede de una decisión política del Gobierno, que crece muy deprisa, y que amenaza nuestros bolsillos y la competitividad de nuestras empresas. La electricidad es un 11 por ciento más cara en España que en la media de Europa.
José Manuel Soria anunció, tras unas vacilaciones propias de los primeros días de toma de contacto con el Ministerio, que atajaría esta situación. Vemos que el déficit de tarifa se aminora, sin desaparecer. Y que, por otro lado, los españoles asistimos atónitos, e indignados, a los costes crecientes de encender la luz. Es el estilo Rajoy de hacer reformas: Bien encaminadas, pero insuficientes. En este asunto, sin embargo, ya puede andarse con ojo, porque la gente lo tiene muy presente cuando paga la electricidad.