Bajar los impuestos
jueves 09 de enero de 2014, 20:34h
La crisis, la verdad, es que se nota en todo menos en el cafelito. Los bares ya no se atreven los 1 de enero a aumentar los precios pues aunque sean diez céntimos, la gente se iría al de al lado.
Claro está que la sostenibilidad de los precios no afecta a la Administración que sigue incrementando los impuestos, pero eso sí cada vez por menos servicios. Debería plantearse, por ejemplo, rebajar un 25% el impuesto de vehículos de tracción mecánica (o sea, el de circulación) pues cada vez el mantenimiento de las calles y carreteras es peor. Los automóviles dan botes en socavones cada vez más profundos; el asfalto está levantado por todas partes y las ruedas resisten peor y, por tanto, hay que cambiarlas antes, por lo que es exigible la reducción.
También habría que bajar el IBI porque se aplica sobre un valor de vivienda o garaje que ya no se corresponde a la realidad. Antes el valor catastral representaba menos de la mitad del valor real del inmueble, pero con las actualizaciones de los últimos años resulta que está notablemente por encima del valor real.
Cuando se hace una transacción inmobiliaria (supuesto en que hoy día ponen alfombra roja en la Notaría y cantan el coro de la obertura de la Traviata los oficiales del Registro), la Administración tributaria “comprueba” el valor declarado, y ha caído en la feísima costumbre de sostener que el valor real del bien es superior al que figura en la escritura, fundándose en tasaciones ilusorias que no tienen en cuenta que lo que se vendía en 100 ahora como mucho se vende en la mitad. Por tanto, o se rebaja el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales o se suspenden las comprobaciones de valor. Cabe otra alternativa, que si la Administración Tributaria entiende que el valor es de 100, tenga la obligación de quedarse el piso por ese precio.
En fin, deberían aumentarse también las deducciones fiscales en el Impuesto de la Renta, pues lo poderes públicos de todos los niveles cada vez dan menos servicios o los que dan son progresivamente deficientes, y en consecuencia nos tenemos que gastar lo que no nos gastábamos antes en cosas de las que otro se encargaba. Y esos gastos deberíamos poder deducirlos. Es lógico.
Bueno ¡y también debería bajar la luz!
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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