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Estudio de la UPM sobre el impacto de la fabricación de productos de consumo sobre los recursos hídricos

Entre 2.000 y 3.000 litros de agua para confeccionar un pantalón vaquero

lunes 13 de enero de 2014, 16:19h
La fabricación de un pantalón vaquero requiere entre 2.130 y 3.078 litros de agua, un consumo que está principalmente determinado por el impacto hídrico de su materia prima, el algodón. Solo el cultivo de esta planta representa entre el 3% y el 4% del agua que se emplea en todo el mundo para cualquier uso, según informa la Universidad Politécnica de Madrid.
Una investigación llevada a cabo en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) con el apoyo de la Fundación Botín y su Observatorio del Agua ha determinado que la fabricación de un pantalón vaquero requiere entre 2.130 y 3.078 litros de agua.

Los autores son Daniel Chico, Maite M. Aldaya y Alberto Garrido, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos, director del Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales (CEIGRAM) y subdirector del Observatorio del Agua.

Según una nota de la UPM, para realizar el estudio, los investigadores se han basado en datos extraídos de las cuencas andaluzas de los ríos Guadalquivir, Guadalete y Barbate, donde se registra la mayor parte de la producción algodonera en España. Su trabajo, titulado Una evaluación de la huella hídrica de unos pantalones vaqueros: La influencia de las políticas agrícolas en la sostenibilidad de los productos de consumo, pretende alertar sobre la necesidad de un consumo razonable de un bien escaso como es el agua y cuya gestión es de vital importancia en zonas de escasa pluviometría.

"Comparando el cultivo del algodón con el de otros productos, se observa que el olivar de secano requiere unos 1.900 litros por kilo de aceituna o que el olivar de riego, más productivo, emplea 1.300 litros (de esos 1.300, el 30% sería agua de riego y el resto, agua de lluvia). Otros cultivos que presentan consumos mayores que el algodón son el almendro o el arroz. Por el contrario, el tomate cultivado al aire libre en verano consume unos 215 litros por kilo, mientras que el tomate de los invernaderos requiere 183 litros de media".

Garrido afirma que el impacto de la moda vaquera sobre la producción de las fibras textiles ha supuesto un considerable aumento de las áreas de cultivo dedicadas al algodón, que se ha convertido en el más extendido: “Anualmente se cultivan en el mundo unas 34.000.000 hectáreas de algodón, frente a 1.700.000 hectáreas de yute o 220.000 hectáreas del lino. El consumo de agua varía mucho entre países, por las condiciones climáticas y las técnicas empleadas, las cuales condicionan a su vez el rendimiento obtenido. Existen grandes diferencias entre regiones de un mismo país. En EEUU este cultivo se produce en Tejas y Arizona mediante riegos con agua azul, mientras que en el sureste asiático se realiza en secano, o sea, utilizando agua verde”.

En la actualidad, el cultivo del algodón en España se concentra principalmente en Andalucía (valle del Guadalquivir, Guadalete y Barbate), donde ha ido reduciéndose la superficie dedicada al mismo desde 90.000 a 63.000 hectáreas. Esta región semiárida posee, sin embargo, una gran experiencia e infraestructuras en la regulación del riego. “En cualquier caso, el que una producción comprometa o no los recursos hídricos vendrá dado por la gestión que se haga de los mismos y por las prioridades y riesgos que la sociedad esté dispuesta a asumir. No se puede atribuir a un solo sector la causa de la evolución positiva o negativa de un río o ecosistema”, afirma Garrido.

El profesor señala que, además del impacto medioambiental, hay que contar con otros factores como es el social y el económico. “El que un cultivo, y en general un determinado uso del agua, sea rentable o no vendrá determinado por la valoración social de ese uso. Para ello es necesaria una buena gobernanza y gestión que se haga del recurso".

El estudio realizado por los investigadores de la UPM permite establecer una relación directa entre el consumo de productos y la carga que su fabricación impone sobre los recursos hídricos. “Todas las actividades humanas implican un impacto sobre el medio ambiente”, recuerda Garrido. “En el caso del sector textil, el uso de tintes y otros químicos (colas, oxidantes, estabilizantes, etcétera) lleva a que los efluentes de estas plantas tengan altas cargas contaminantes. Sin embargo, estos efluentes son tratados antes de ser vertidos. En los datos manejados en nuestro trabajo, los vertidos fueron siempre por debajo del límite que establece la administración municipal”.

"Hoy por hoy no hay certificaciones específicas ni normativas respecto del uso del agua en la producción textil más allá de lo que tiene que ver con el cumplimiento de las autorizaciones de vertido", afirma la UPM, que añade que esta ausencia "contrasta con los estándares y certificaciones voluntarias que existen en relación al uso de productos químicos, como es el caso de Ökotex o Made in Green, que promueven textiles con menor impacto para la salud y el medioambiente".

No obstante, grandes marcas, tanto fabricantes como distribuidores, desarrollan y forman parte de plataformas que fomentan buenas prácticas entre los agricultores, especialmente pequeños productores de países en desarrollo. Un ejemplo es la plataforma Better Cotton Initiative. Otras, como Global Organic Textile Standard (GOTS ) o Naturland, lo que certifican es el uso de algodón orgánico.

Garrido destaca que la investigación realizada pone a disposición de los diferentes actores involucrados unos resultados que permiten enriquecer la discusión social y la toma de decisiones. En muchos casos, las conexiones entre las políticas establecidas y las implicaciones medioambientales que tienen no son explícitas ni directas.
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