Reforma política: Proyecto, equipo y liderazgo
martes 14 de enero de 2014, 20:22h
El mundo de la vida política, tanto española como europea, está en estos últimos años -que coinciden básicamente con los de la crisis económico-financiera- bastante revuelto y desorientado. En el fondo, y centrándome principalmente en el caso español, parece ajustado a la realidad hablar de crisis institucional, sistémica. Estimo que es este un análisis certero. Frente a este diagnóstico de crisis institucional ¿qué hacer? ¿cuál es el tratamiento preciso?
Entiendo que son varias las ideas a tener presente, para tener claros los pilares sobre los que se basa cualquier proyecto serio de reforma política. En primer lugar es imprescindible un buen equipo humano, es la clave de todo proyecto político importante que se precie. Sin un buen equipo, simple y llanamente, no hay nada que hacer. Por buen equipo entiendo un número suficiente de personas que compartan en alto grado, no es necesario ni deseable la unanimidad, una serie de valores humanos, de actitudes, de percepción de la realidad y de actuación para transformarla. Ese equipo humano debe basarse en el respeto, la confianza y el compromiso. También es útil un cierto rodaje del propio equipo, conocerse en la labor diaria, verse en situación y dificultades. Los equipos en la vida duran lo que duran. Nacen, se desarrollan y mueren. Lo normal suele ser pocos años de conocimiento, formación y encaje del equipo. Después la época clave del desarrollo, crecimiento y ejecución de su potencial. Para, pasados unos determinados años que, dependiendo de la actividad, pueden ir desde los seis o siete años hasta los diez o doce años, comenzar a decaer y desaparecer o transformarse profundamente. Insisto, el equipo lo es todo, y no es nada fácil hacer un buen equipo.
En segundo lugar es clave en el equipo un punto de referencia, un líder, una cierta autoridad. Son muchos los tipos de liderazgo. En mi opinión depende del propio equipo y proyecto. Pero el buen líder es aquel que logra lo mejor para su equipo, que éste se forje y crezca, que logra sacar lo mejor de los demás. Hay mucho de psicología, de paciencia, de perseverancia y de ilusión, empuje. El líder da ejemplo, esto es esencial. Es el que más aguanta, el que más trabaja, se “impone” más por la autoritas que por la potestad. Esto quiere decir que es reconocido y respetado, su liderazgo nace de dentro a fuera, por tanto debemos matizar, no viene impuesto.
Y, por último, el líder y el equipo son fieles a una idea, a la razón de ser que les une y les reúne: el proyecto. Ellos son el quién, el proyecto es el qué, el por qué y el cómo. El cuándo ya lo irá marcando el funcionamiento del propio equipo. Los grandes proyectos políticos de la historia tienen estos tres elementos esenciales: un proyecto, un equipo y un líder. Incluso el liderazgo puede ser parcialmente compartido. Es vital un líder que escuche, que se apoye, al que se le corrija si es preciso. El líder no es perfecto, no es una divinidad, cuidado con los liderazgos excesivos, acaban mal.
Templanza, justicia, fortaleza y prudencia rezan a los pies de la estatua ecuestre de Alfonso XII en el estanque de El Retiro, no son malas virtudes. Se podrían resumir en paciencia, perseverancia y prudencia. En la vida el buen trabajo siempre da sus frutos, precisa de su tiempo determinado. Hoy la vida política española precisa de buenos equipos, con buenos proyectos y buenos líderes, si esto se logra, y sólo pueden surgir de la sociedad civil, del propio pueblo español, nuestra crisis institucional será solventada con éxito. De lo contrario, nos esperan tiempos complicados. Toca comprometerse y dar lo mejor de nosotros mismos. Solo se vive una vez.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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