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RESEÑA

Stanislaw Lem: Máscara

domingo 19 de enero de 2014, 15:04h
Stanislaw Lem: Máscara. Traducción de Joanna Orzechowska. Impedimenta. Madrid, 2013. 424 páginas. 22,95 €
Bajo el género presuntamente evasivo de la ciencia-ficción pasan de tapadillo muy profundas reflexiones sobre el género humano. La alteridad escenificada en otros mundos y seres permite reflexionar sobre cómo se proyecta el ser humano en su relación con él otro. Stanislaw Lem, junto a otros pocos autores, pienso en Ballard por ejemplo, dilató las fronteras de un estrecho subgénero y lo alzó a un estado superior de categoría propia. Ejemplo de ello es su obra maestra Solaris, que llevaran al cine con diversas propuestas formales y lecturas Tarkovsky y Soderbergh. Con el título de un enigmático planeta la novela contiene, entre otros logros, su propia crítica y un interesante diálogo metaliterario vertido en la solarística. Lo cual no deja de ser una demorada especulación sobre cómo el ser humano produce, interpreta y evalúa el conocimiento. Estas valoraciones, metaartísticas o no, son constantes en el escritor polaco. Allá en las páginas liminares del proyecto “Biblioteca del siglo XXI”, publicado también por Impedimenta, hacia ciertas disquisiciones sobre el género del prólogo que todo estudioso del tema debiera considerar con atención. Señalo solo detalles a bulto, más por ejemplificar que por tipificar. El lector voluntarioso se sorprenderá de los hallazgos reflexivos presentes en casi toda la escritura de Lem

Aunque en su ópera prima, El hospital de la transfiguración, encauzaba una vertiente más realista, el hecho de la censura polaca le inclinó sin duda hacia el género fantástico frente a la literatura de la época, más problemática si pretendía reflejar la realidad social de Polonia. Aparte de la hilaridad intrínseca a nuestro genial escritor, a la cual nunca renunció, hay una nota profundamente enraizada en las cuestiones universales del ser humano. En efecto, y repetir esos dos ejes fundamentales en la escritura de Stanislaw Lem comienza a ser tropezar en un tópico, aunque los lugares comunes siempre tienen un poso de verdad y aquí resulta cierto. Por un lado el humor socarrón a ratos, fino como una hebra de tabaco en otras, del autor de Summa technologiae. De otro costado, la constante reflexión y su tendencia a cavilar sobre las cuestiones relevantes del ser humano, por ejemplo, cómo se produce y administra el saber.

Máscara presenta el buen festín de trece relatos inéditos del polaco. Distintas “visitas” a la Tierra que ponen al hombre ante situaciones radicales, “La rata en el laberinto”, “Invasión” o “La invasión de Aldebarán”. Los excelentes cuentos “El martillo” o “La fórmula de Lymphater”, donde presenta a un ser con ultra conciencia, capaz de tener la solución de todos nuestros problemas, una suerte de “dios sintético”. Un relato que se antoja hoy ya clásico como “Ciento treinta y siete segundos”, analiza el ansia de saber y los peligros del progreso técnico a través de la historia del ingenio de un insólito ordenador caprichoso. Así como el peligro constante de las distintas nociones de realidad en “La colchoneta”, cuento de plena vigencia a tenor de esas otras vidas que proporciona nuestra proyección en redes sociales o programas como “Gran Hermano”.

El ser humano debe resituarse en esta sociedad nuestra llamada de la información y a veces con menor rigor del conocimiento. Estos cuentos proporcionan en su fantasía pura discusión, debate genial, a través de una fina dialéctica entre intelectos para valorar múltiples posibilidades. La inquisición literaria de Stanislaw Lem merodea siempre los perfiles más agudos del alma humana.

Por Francisco Estévez
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