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VOX y Podemos

Francisco Delgado-Iribarren
martes 21 de enero de 2014, 20:22h
Antes de adentrarse en la lectura de este artículo, al amabilísimo lector le conviene saber que quien lo escribe 1) no ha militado nunca en un partido político 2) no milita en ningún partido político 3) no dice que nunca militará en ningún partido político por eso de adecuarse al refranero español, que recomienda nunca decir “de esta agua no beberé”. Y 4) no tiene ningún familiar metido en ningún partido político, salvo una excepción que no viene al caso y no tiene que ver con el tema que aquí se trata. Una vez hecha la pertinente aclaración introductoria, podemos pasar al segundo párrafo.
En esta última semana han echado a andar al menos dos partidos políticos reseñables: uno se llama VOX y otro se llama Podemos. En realidad no sé si a Podemos se le puede llamar partido, porque la izquierda de corte antisistema está muy sensibilizada contra los conceptos tradicionales. En ninguna parte de su neonata página web leo que se definan como partido: ellos prefieren hablar de “iniciativa electoral”, “candidatura” o “personas”. Pues vale. Aceptamos “personas”.

Por el otro lado, en sentido literal, surge VOX, que se define como “proyecto político” (¡ay, qué desprestigiado está el término partido!) de centro-derecha. Iñaki Oyarzábal, secretario general del PP vasco, celoso de lo que considera su territorio electoral, se ha apresurado a empujarles un poco más allá: cree que VOX busca un espacio “mucho más a la derecha del PP”, como si eso lo dijera todo. Yo, si Santiago Abascal se declara centrocampista por la derecha, prefiero considerarle como tal, máxime antes de que arranque el partido.
Los dos partidos escriben su nombre en verde, el color asociado a la esperanza; más clarito el de VOX, más oscuro el de Podemos. Lo del verde –mi color favorito- da pie a utilizar la expresión savia nueva, que me gusta mucho y es por naturaleza optimista.

Los dos proyectos tienen en común que promueven, o aspiran a promover, una mayor participación de los ciudadanos en la política. Por lo demás, son antitéticos. VOX reafirma la “indisoluble unidad de la nación española”, en la que quiere “un único gobierno y un único parlamento”, mientras que Podemos apoya expresamente en su manifiesto el referéndum independentista convocado en Cataluña para el 9 de noviembre. VOX se compromete a “defender y promover la cultura de la vida”, mientras que Podemos aboga por “el derecho de las mujeres sobre su propio cuerpo”. Si VOX habla de “economía de mercado, libre iniciativa y pleno reconocimiento del derecho de propiedad”, Podemos habla de “nacionalización de la banca privada” y de “reconversión ecológica de la economía”. Etcétera.

El líder de Podemos se llama Pablo Iglesias. Tiene a su favor el nombre, que parece predestinarlo a un liderazgo de masas izquierdistas. Pablo Iglesias Turrión, para diferenciarlo de Pablo Iglesias Possé, ha militado en la Unión de Juventudes Comunistas de España de los 14 a los 21 años. Ha colaborado con Izquierda Unida, con la que tiene buenas relaciones, así como con su partido nuclear: el Partido Comunista de España. Profesor de Ciencia Política en la Complutense, en los últimos años se ha hecho una cara conocida en televisión, donde perora habitualmente en casi todas las principales cadenas, desde La Sexta hasta Intereconomía. Iglesias pidió 50.000 firmas para lanzar su candidatura a las elecciones europeas, y en solo un día las consiguió. Al cierre de este artículo lleva “más de 68.843”, según su página web. El actor Alberto San Juan y el profesor de la Complutense Juan Carlos Monedero han firmado el manifiesto.

Los partidos políticos tradicionales no se distinguen por dar efusivas bienvenidas a los nuevos partidos que saltan al terreno de juego. Tampoco en estos casos. Más allá de lo oportuna o lo inoportuna que nos parezca la irrupción de cada uno de estos dos proyectos, hay que reconocer que una de las esencias de la democracia es esa: la posibilidad de la gente de formar partidos y presentarse para ver si manda o coge cuota de poder. Es el juego que nos hemos dado, el que hemos querido jugar. PP y PSOE harían mal en minusvalorar la incidencia que estos pueden tener. Si sus dirigentes piensan que estos partidos son “populistas”, tendrán que pensar por qué ellos son cada vez menos populares. Ya se está viendo el crecimiento de Ciudadanos, de UPyD y de IU.

La competencia es sana si es deportiva y malsana si es cainita. Lo elegante por parte de los políticos sería dar la bienvenida al terreno de juego a los nuevos equipos. Oído lo oído (Oyarzábal, Aguirre, que ha pedido “recolocar” a Ortega Lara, Rajoy y Cospedal), no estamos para pedir peras al olmo hendido por el rayo y en su mitad podrido. VOX y Podemos son dos buenas oportunidades para que muchos jóvenes den un paso adelante y se comprometan con la política. Para que se conviertan en agentes activos, y no pasivos, del sistema político.
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