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Mandela en Madrid

martes 28 de enero de 2014, 19:59h
Salvo sorpresa inesperada, este miércoles 29 de enero el Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobará por unanimidad una propuesta para dedicar el nombre de una calle a Nelson Mandela, fallecido hace pocas semanas a la edad de 95 años. Son muchos los méritos que la persona y la vida de Mandela tienen para merecer dicho honor, pero yo destacaría como el legado más relevante de Mandela las siguientes actitudes y cualidades.

En primer lugar, y por encima de todas, la perseverancia en la defensa de sus profundas convicciones, arrostrando los diversos castigos y penalidades -27 años de prisión en situaciones verdaderamente inhumanas- que tal defensa implicaba. Su ideal, como él mismo proclamó en su conocido discurso de 20 de abril de 1964 era “una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con iguales oportunidades”. Tuvo que enfrentarse a un régimen segregacionista -el apartheid- que a partir de 1948 puso contra las cuerdas la vida de la población negra en Suráfrica. Mandela, junto con otros muchos, comenzó a luchar por la libertad y los derechos humanos de los negros en su país.

En segundo lugar destacaría su sentido de grandeza e inteligencia política. Cuando logró el triunfo tras años de lucha, penalidades y sacrificios, como refleja en su autobiografía Un largo camino hacia la libertad, optó por la reconciliación nacional y la integración. Tuvo grandeza de miras, no buscó la venganza ni se basó en el rencor, se miró con inteligencia hacia el futuro. Se construyó desde la pluralidad, para ello, al acceder a la Presidencia del país en 1994, contó tanto con el anterior Presidente De Klerk, Vicepresidente en su gobierno, como con el líder del movimiento zulú y Ministro del Interior, Buthelezi. Podemos afirmar que Mandela demostró ese dificilísimo arte de tener grandeza en la derrota y grandeza en la victoria. Mandela no perdió de vista el objetivo principal, conquistar la convivencia y superar o sobrellevar las diferencias nacidas de heridas muy profundas.

En tercer lugar, no es menos importante apuntar la enorme generosidad que destilo Mandela en toda su vida. Sin duda fue un hombre comprometido con la vida pública de su país. Siempre pensó primero en el interés general que en el suyo propio, puso su vida al servicio de sus convicciones y principios hasta límites difíciles de entender. Su tenaz compromiso fue decisivo para cambiar la vida de su país y ser modelo y ejemplo mundialmente reconocido. Mandela por méritos propios ha entrado en la historia de las grandes personalidades del siglo XX. Su gran legado es que el esfuerzo y la fortaleza en la defensa de unos principios, puede lograr cambiar la historia, como en su día hizo Gandhi o Martin Luther King. Por lo demás, tampoco se obstinó en el mantenimiento del poder, estuvo cinco años de Presidente de Suráfrica. En la vida no es fácil saberse ir a tiempo y Mandela aquí estuvo también acertado.

Por último, su gran capacidad de trabajo es clave para poder impulsar toda su lucha, sirva como dato que mientras estuvo en la cárcel se sacó por correspondencia la licenciatura en Derecho por la Universidad de Londres y estudió la lengua Afrikáners para conocer mejor la forma de pensar de sus enemigos, algo que le sería útil en el futuro para la construcción de la reconciliación nacional.
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