Las diferencias entre la generación Iñaki Oyarzábal, Arantza Quiroga o Borja Sémper y la de Jaime Mayor Oreja, Carlos Iturgáiz o María San Gil han permanecido durante años en un plano discreto, aunque nunca disimuladas. Todos ellos insisten en que les une lo esencial, que es la reivindicación de la democracia y el rechazo a la violencia, así como un final del terrorismo sin concesiones y que distinga bien a víctimas de verdugos. Sin embargo, el Gobierno y Génova han tenido que tomar parte en la disputa, acalorada estas últimas horas, con un único objetivo: mantener cerca y con la moral alta tanto a víctimas como a los compañeros en el País Vasco.

Hay enfado. El portavoz del Partido Popular en la Cámara de Vitoria, Borja Sémper, no pudo evitar hace algunos días el desahogo tras unas declaraciones de
San Gil que considera "profundamente injustas". La expresidenta de la formación en el País Vasco acusó a la actual cúpula de "consentir" la "pesadilla" que a su parecer vive este territorio "en relación con el entramado etarra". Sémper explotó en una
entrevista radiofónica: "No podemos aguantar cualquier cosa. Hoy es eso, mañana puede decir que somos cómplices o que apretamos el gatillo".
Sobre Mayor Oreja, la opinión no es muy diferente. En octubre de 2013,
EL IMPARCIAL entrevistó a Sémper. Sus palabras no exigen añadidura:
¿Hay dos Partidos Populares en el País Vasco?
En Euskadi, el PP ha sido un partido forjado en unas circunstancias extremas, que hemos combatido contra ETA casi desde la trinchera, porque nos teníamos que defender, pero que el PP vasco no puede ser un partido arrinconado que sólo tenga un discurso, que sólo hable de terrorismo, que se deje llevar por el guión de la izquierda abertzale o de ETA, que marca el debate en Euskadi. El PP vasco debe hablar de libertades, porque es fundamental, pero tiene que dar respuesta a otros muchos temas. Hay gente de mi partido que legítimamente cree que el PP vasco sólo debe hablar de ETA. Esa es la gran discrepancia porque coincidimos en el fondo, el rechazo al terrorismo, pero queremos hablar de muchas más cosas.
¿Hay buenas formas en ese debate que comparte fondo?
No hay debate en el PP vasco en este momento. Es verdad que alguno puede tener una aparición en prensa y decir lo que le venga en gana, pero ni en las ejecutivas, ni en los órganos de dirección nadie duda de la posición política del PP vasco. Sí que es doloroso que algunos hayan pretendido en el pasado defender una posición propia proyectando una sombra de sospecha sobre el resto de sus compañeros sobre no sé qué falta de contundencia sobre ETA. Mi trayectoria política, y la de Arantza Quiroga, Iñaki Oyarzábal, la de Javier Maroto, alcalde de Vitoria, ha estado teñida y ha estado condicionada por la amenaza de ETA. Hoy, que hemos derrotado a ETA, a la ETA de las pistolas, a la que nos quería matar, duele que este fin sea aprovechado por algunos para desprestigiar nuestro compromiso con la libertad. Una de las afirmaciones que más críticas internas le ha costado a Sémper fue también reproducida en su conversación con este periódico: "El futuro (en el País Vasco) tiene que construirse con los hijos de los que somos del PP y con los hijos de los de
Bildu". Reconoce que, "para algunos", esto le convierte en "filoterrorista", cosa que él no ve así. De forma que este político y sus compañeros lidian también con una vieja guardia muy crítica con la gestión de este tiempo en el partido. Muy especialmente esta semana, estos comentarios han tenido réplica.
Para desgracia de Génova, que debe pensar que a perro flaco todo son pulgas, aunque no sea este refrán apropiado para un partido político tal, esto sucede en paralelo con la renuncia de Mayor Oreja a renovar sus obligaciones en Europa, entre otras deserciones, estas completas, como la de Alejo Vidal-Quadras, o la significación de
José Antonio Ortega Lara con otras siglas.
Aunque trascendió menos, conviene citar también la tensión vivida entre la familia de Gregorio Ordóñez y el PP en el 19 aniversario del asesinato. Hubo dos homenajes en menos de una hora y en el mismo lugar. Consuelo Ordóñez, hermana del edil donostiarra, está decepcionada con la política antiterrorista que encabezan Mariano Rajoy y
Jorge Fernández-Díaz. Oyarzábal tuvo que salir al paso para defender la "legitimidad" de su formación para ensalzar a la víctima.
La dirección nacional no puede permitirse un divorcio con los máximos afectados por ETA. Frecuentes son las alusiones y también las disposiciones legales, los guiños. Tienen hueco en la Convención Nacional de Valladolid. Sin ellos, el partido se queda sin una de sus banderas, pero Estrasburgo no se lo puso fácil con la sentencia sobre la
doctrina Parot.
Soraya Sáenz de Santamaría estuvo este jueves en Bilbao, junto a Quiroga. Le trasladó fuerza, ánimo y un mensaje de "aliento" y respaldo a lo que ella y sus compañeros están haciendo. "Sigue defendiendo las mismas ideas y el mismo proyecto de defensa de la libertad y la democracia, que le llevaron a afiliarse al PP a finales de los años 90, y que les costó la vida a tantos", resaltó la vicepresidenta de la dirigente.
El Gobierno y Génova pelearán por no dejarse en el camino a las víctimas, pero no menos por sus representantes en la franquicia vasca, aunque cueste el reproche de históricos que, por voluntad propia o de
Rajoy, ya no tienen voz más allá de los medios de comunicación o demasiada capacidad de decisión en los órganos competentes. Cualquiera de los caminos hubiera supuesto desgaste y enemistades, pero había que elegir. Aunque con respeto a quienes antaño defendieron con vehemencia los colores y valores y en condiciones muy complejas, la decisión ya está tomada.