Tras la pírrica victoria de Hillary Clinton en Indiana y la sorprendente ventaja de 15 puntos que le sacó Obama en Carolina del Norte todos los medios de comunicación, y gran parte de analistas, anunciaron que la senadora por Nueva York podría retirar su candidatura y dejar el camino libre a Barack Obama para hacerse con la nominación del Partido Demócrata.
No obstante, un análisis sociológico detallado de los distritos en los que Obama y Clinton consiguieron sus mejores resultados nos ofrece las claves de porque la senadora Clinton se empeña en continuar en la carrera por ocupar el Despacho Oval y no da por perdidas todas sus posibilidades.
Carolina del Norte cuenta con una población afroamericana muy numerosa que explica el porqué de la abultada victoria del candidato de padre keniata mientras que Clinton obtuvo resultados nada desdeñables –con porcentajes de entre el 60 y el 70 por ciento- en los distritos en los que la población representa mejor al típico WASP -acrónimo en inglés de blanco anglosajón y protestante (
White Anglo-Saxon and Protestant)- que es la base de la clase media norteamericana y de una mayoría “presidencial”. Hillary Clinton cuenta, además, con el apoyo del voto hispano, una minoría que empieza a ser mayoritaria y que puede marcar la diferencia para conseguir la presidencia estadounidense.
El recuento de Indiana estuvo liderado por la ex primera dama por una diferencia de 5 puntos hasta que se escrutó el distrito de Lake County reduciéndose a los 2 puntos y acercándose peligrosamente al empate entre ambos candidatos. Lake County forma parte del área metropolitana de Chicago, la ciudad más populosa de llinois, el estado por el que es senador Barack Obama. No son de extrañar, por tanto, los resultados que ofreció el recuento final y, si acaso, añade valor a la victoria pírrica de la senadora Clinton.

Barack Obama consigue apoyos en las concentraciones urbanas y entre la élite mejor educada mientras que su rival obtiene mejores resultados entre el voto más popular. De hecho, una de las diferencias programáticas entre uno y otro es que ella propone una sanidad pública para todos y él para “casi todos”. Ambos han adoptado el discurso más
liberal (utilizado en EEUU de forma despectiva con connotaciones similares a las que en España tiene el término
progre) del Partido Demócrata aunque la imagen de Hillary Clinton como experimentada senadora y centrista subyace entre los votantes gracias al fruto de su trabajo en la Cámara Alta liderando proyectos legislativos bipartidistas entre republicanos y demócratas a lo que hay que sumar la bonanza y equilibrio económico alcanzados durante la administración de su marido Bill.
Hillary Clinton no se ha retirado todavía a pesar de la probable nominación de Obama porque todavía le quedan cartas por jugar. Se espera que en las primarias del próximo martes 13 de mayo en Virginia Occidental consiga una victoria holgada. Las expectativas de la senadora por Nueva York también en los estados de Kentucky y Montana; las encuestas también le auguran buenos resultados en el territorio no incorporado de Puerto Rico. El senador por Illinois tiene, en cambio, muchas posibilidades de hacerse con la mayoría de los delegados que se elegirán en Dakota del Sur y Oregón. Por supuesto todo son estimaciones y serán los votantes demócratas quienes decidirán en el último momento.
Por muchas voces que se alcen pidiendo su retirada y por unos cuantos
superdelegados que se decanten por Barack Obama, Hillary Clinton no se retirará hasta que la cifra de los 2.025 delegados sea matemáticamente inalcanzable. Hasta entonces tiene posibilidades -aunque sean pocas- de obtener la candidatura del Partido Demócrata. Lo sabe y luchará hasta el final.