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Rubalcaba, ¿por qué no te callas?

Francisco Delgado-Iribarren
martes 04 de febrero de 2014, 20:15h
Hace pocos días David Gistau escribía en su columna el chiste de que era más fácil sacar un titular a una de las estatuas del Congreso de los Diputados que a Mariano Rajoy. Pues bien, el presidente del gobierno lo ha conseguido: ha demostrado que es capaz de surtir de titulares a la prensa. Como acertadamente señala El Imparcial, Rajoy ha espetado a Rubalcaba su particular “¿Por qué no te callas?”

Los analistas políticos al uso asocian a Rajoy los siguientes rasgos archisabidos: la prudencia, la tranquilidad, la serenidad… Se olvidan de uno que, a mi juicio, es esencial para entender su personalidad: la buena educación. Es por esto que llama tanto la atención de los medios el “o te callas o reconoces el mérito de la gente” dominical del líder del PP. Seamos sinceros, una oración de este tenor habría pasado casi desapercibida dicha en boca de Rubalcaba con destinatario Rajoy.

El “¡chitón!” de Rajoy es más amable que el famoso y espontáneo corte regio al fenecido Hugo Chávez. Al fin y al cabo el presidente del gobierno deja al líder de la oposición una alternativa viable al silencio: reconocer el mérito de la gente en los esfuerzos de superación de la crisis. Algo que, con la que está cayendo, nieve incluida, tampoco estaría de más por parte de quien es “parte destacada en la causa de este calvario”. El actual discurso de Rubalcaba se resume en su intención de cargarse todo lo que el PP lleva hecho esta legislatura.

El presidente, sin perder las formas, se mostró claro y contundente en su discurso de Valladolid. Recordó a Rubalcaba que hace unos años fue “el vicepresidente de un Gobierno que llevó a España a la ruina”. Describió el estado del país en noviembre de 2011 “como si fuera un páramo, improductivo no porque fuera un pedregal estéril, sino porque estaba abandonado”. Y le conminó a un ejercicio de sinceridad: “No le ocultes a la gente la verdad de la recuperación como antes le ocultaste la del hundimiento”.

Rajoy además de buena educación tiene buena memoria y no olvida la para él muy amarga comparecencia del 1 de agosto de 2013 en el Senado, donde ofreció explicaciones por el peliagudo asunto Bárcenas. Rubalcaba le atacó durísimamente en aquella sesión y la cara del presidente en su escaño mientras el secretario del PSOE le pedía su dimisión era todo un poema de Shakespeare. En la tribuna el presidente lanzó una defensa asimismo digna de un drama del mismo autor: “La sombra de la sombra de un indicio manipulado no puede servir para que un español pierda la presunción de inocencia”. La gente se quedó con la coña marinera del “fin de la cita” y el asunto quedó en manos del juez Ruz. Pero Rubalcaba sabe que el ajuste de cuentas viene de allí y por eso contesta sacando otra vez a Bárcenas.

Curiosamente en aquella abrasiva sesión veraniega en el Senado pululaba el espíritu de Pedro J. Ramírez, cuyo periódico fue mencionado expresamente como artífice de “manipulaciones” y “tergiversaciones”. La hostilidad Rajoy-Ramírez, irreconciliables a raíz de la línea editorial seguida por El Mundo en el complejo asunto Bárcenas, ha terminado con el segundo expulsado de su propia creación. Está por probar o por explicar la relación causal entre la enemistad gubernamental y la salida de Pedro J. Otros apuntan, y no es un tema menor, que la deuda de 1.300 millones que alcanzó Unidad Editorial es mucha deuda.

Cuando la voz de Ramírez ha sido provisional y parcialmente acallada Rajoy pide el mutis de Rubalcaba (o que reconozca el mérito de la gente). La venganza es un plato que se sirve frío y Rajoy sabe que la buena educación no es incompatible con un saludable ejercicio de la venganza.
Aunque muchos en el PP se froten las manos o den palmas con las orejas porque consideran que la continuidad de Rubalcaba es una rémora para el PSOE, deben tener en cuenta que su principal amenaza electoral en las generales de 2015 no es una improbable victoria de los socialistas (aunque sorpresas más repentinas se han vivido), sino la formación de una especie de frente popular que les desbanque del poder. Y en las filas socialistas solo queda un político con el bagaje, la veteranía, la experiencia y la habilidad necesarias para tejer, atar y aglutinar tan extraño y variopinto frente popular: Rubalcaba.

Evidentemente Rubalcaba no se va a callar y va a echar el resto para convertirse en el próximo presidente del gobierno de España, que es lo único que le falta por ser en su carrera política. Un profesional del poder como él no va a renunciar así como así al máximo poder. Cuando en febrero de 2012 Rubalcaba salió elegido secretario general del PSOE tras vencer por 22 votos a Carme Chacón, un compañero (y sin embargo amigo) mío, aficionado a la poesía satírica, publicó un Soneto al sólido. Con el debido permiso y por su interés, lo reproduzco aquí. Es un soneto duro con Rubalcaba, pero hay que reconocer al autor su mérito por conseguir todas las rimas en esdrújula.

Su partido le saluda de sólido,
mas su proyecto no pasa de fláccido;
a pesar de tener el verbo rápido
su discurso no se salva de estólido.

En sus hombros pesa un pasado incómodo
y un carácter más gélido que cálido.
No preocupa a su semblante impávido
que España se destruya como un bólido.

Adalid del maquiavelismo fétido,
referente del pensamiento líquido,
aplica su máxima: “Crueldad y método”.

Si conviene se disfraza de tímido
y no se frena en su avanzar intrépido
que sólo busca el poder omnímodo.
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