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RAJOY Y PEDRO J.

viernes 07 de febrero de 2014, 12:48h
El pasado domingo, en su sección Las cartas boca arriba en el diario El Mundo, Luis María Anson publicó dos cartas que por su interés y el eco que han despertado en las redes sociales copiamos íntegras a continuación:

Primera carta
A Mariano Rajoy. Donde se habla de la libertad de expresión

Querido presidente…

O se está con la libertad de expresión o se está contra la libertad de expresión. Pero si se está con la libertad de expresión hay que hacerlo con todas sus consecuencias. Los tapujos y las veladuras sobran. La libertad de expresión es el cimiento sobre el que se sustenta el entero edificio de la democracia pluralista.

La clase política se esfuerza y se ha esforzado casi siempre por fragilizar la libertad de expresión. Es una práctica miserable que sacude no solo a las dictaduras sino también a las democracias. En las dictaduras se impone la mordaza a través de la censura que, por cierto, durante el caudillaje de Franco, vencedor de la guerra incivil, alcanzó cotas inimaginables para las nuevas generaciones con Juan Aparicio, Valentín Gutiérrez Durán, Adolfo Muñoz Alonso y Gabriel Arias Salgado, al frente del liberticidio. En las democracias, el bozal se intenta colocar de forma más sutil a través de las presiones políticas y económicas, la publicidad institucional, los sobornos directos o indirectos y una larga caravana de engaños y trapisonderías.
Los políticos, mi querido presidente, salvo contadas excepciones, bordean la Constitución con el fin de taponar la boca a los periodistas incómodos. Maniobras enmascaradas para comprar el periódico hostil o para desmontar al profesional independiente constituyen un tenebroso ejercicio que lesiona de fondo la libertad de expresión y cuartea el edificio democrático.
He dedicado toda mi vida profesional a la defensa de la libertad de expresión, al margen de ideologías, de simpatías o de fobias. Cuando presidí la Asociación de la Prensa, defendí desde Vinader a Pedro J. Ramírez, a todos los compañeros acosados por el poder político. Desde periódicos como el ABC verdadero o La Razón denuncié incluso el cierre de un diario como Egin o el de una célebre revisa abertzale que fue atropellada. Los periodistas no son ciudadanos impunes pero los periódicos no delinquen. Lo hacen en ocasiones sus propietarios, sus directivos, sus colaboradores… Sobre ellos debe caer el peso de la ley, no sobre los periódicos.
Tengo la esperanza, querido presidente, de que estas líneas públicas te hagan re-flexionar. Hay límites que no se deben traspasar, fronteras que no se pueden cruzar. Tirar la piedra y esconder la mano para golpear la libertad de expresión es un deleznable ejercicio antidemocrático. Con el tiempo, lo probable es que se disipen las tinieblas y se desvele la identidad de sus autores para vergüenza histórica de los responsables finales de la tropelía.

Segunda carta
A Pedro J. Ramírez. Donde se habla de mirar al futuro

Querido Pedro…

Desde los Gal a los papeles de Bárcenas, desde Filesa a las trampas del caso Neymar, has sabido denunciar los abusos del poder, del poder político, del poder religioso, del poder económico, del poder cultural, del poder deportivo… Nadie te negará que también has sabido elogiar al poder cuando el poder acierta. Pero en el ejercicio del contrapoder, segunda función del periodista tras la primera y fundamental que es administrar el derecho a la información de los ciudadanos, tus grandes éxitos profesionales derivan de un valor a lo José Tomás para denunciar los abusos del poder sobre el albero del ruedo ibérico.
Eso te ha situado entre los diez periodistas más destacados de los últimos cien años. Pero vale la pena hacer una reflexión ahora. En nuestra profesión el periodista que vuelve la vista atrás se convierte como la mujer de Lot en estatua de sal. Estoy seguro de que sabrás mirar hacia adelante. Ya lo hiciste en Diario 16, cuando aquel pobre resentido que fue Juan Tomás de Salas cedió a presiones políticas y te escabechó de la dirección del periódico a ti que habías levantado un diario moribundo. En su pecado, Salas sufrió larga penitencia. Te hablo, querido Pedro, no a humo de pajas, sino desde una dilatada experiencia que conoces bien. Dejé en diciembre de 1982, la dirección de Efe si bien debo reconocer que el Gobierno socialista tenía el propósito de que permaneciera en la presidencia de la Agencia. Me incorporé entonces a ABC y lo dirigí durante quince años. Tomé la decisión de dejar el periódico porque Emilio Azcárraga me ofreció presidir Televisa en Europa, no solo con un contrato fabuloso, sino con el horizonte de poner en marcha la televisión digital. La muerte del empresario mexicano me llevó a fundar La Razón y siete años después, cuando su propietario adquirió un diario independentista catalán, lo abandoné con una razonada carta que publicó EL MUNDO. Ahora estoy al frente de un diario digital, El Imparcial, cuyo editor es José Varela Ortega, presidente de la Fundación Ortega Marañón. Nunca volví la vista atrás a lo largo de mi vida profesional. Siempre miré al futuro. Nunca eché de menos las etapas profesionales superadas. Nunca me recreé en la nostalgia.
Por eso estoy seguro de que tú, querido Pedro, que estás en la mejor edad, abrirás de par en par las puertas de nuevos proyectos periodísticos sin caer en la tentación de la mujer de Lot. Los que desde las tinieblas maniobraron para desmontarte se encontrarán en muy poco tiempo con tu reaparición, con la independencia y la sabiduría periodísticas de las que has hecho alarde permanente en los últimos treinta años de la vida española, en los que, además, has publicado un libro deslumbrante, El primer naufragio, que debería llevarte a ocupar un sillón en la Real Academia de la Historia.
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