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exposición de la fundación banco santander

La colección de arte contemporáneo de Grazyna Kulczyk, por primera vez en España

viernes 14 de febrero de 2014, 14:18h
Una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes del este de Europa llega a España de la mano de la Fundación Banco Santander en una exposición en la que ha sido reunida una selección de la obra que posee Grazyna Kulczyk, referente del coleccionismo en Polonia.
La Fundación Banco Santander ha presentado este viernes una exposición que reúne por primera vez en España un centenar de obras de la colección de arte de la polaca Grazyna Kulczyk. La sala de arte de la Ciudad Financiera de la entidad en Boadilla del Monte (Madrid) acoge esta muestra, que da cuenta del arte creado en el este de Europa desde los años 40 hasta la actualidad, además de incluir piezas de artistas alemanes, estadounidenses o latinoamericanos.

Con el propósito de demostrar que el aislamiento cultural durante el periodo comunista no minó la actividad creadora de los artistas polacos, esta exposición ofrece la oportunidad de contemplar una selección de obras que nunca antes ha sido vista en España ni tampoco en otros países.



En palabras de Kulczyk, se trata de una exposición “homogénea” en la que tienen cabida obras vinculadas al feminismo, al minimalismo o a la abstracción, y cuya autoría corresponde a Roman Opalka, Zofia Kulik, Katarkyna Kozyra, Donald Judd, Jenny Holzer, Bettina Rheims o Antoni Tàpies, entre otros.

Timothy Persons, comisario de la muestra, la define como “única en el mundo” por los trabajos que han sido reunidos y por haber sido concebida para que el visitante “coleccione ideas” a cada paso.

Es posible constatar el propósito del que habla Parsons únicamente prestando atención a la sección de la exposición dedicada a obra firmada por mujeres y de contenido indudablemente feminista. Es el caso de las esculturas de Alina Szapoczikow como Labios en marcha, de 1966, y Novia blanca loca, de 1971, en la que una mujer esculpida en poliéster se apoya en un gran pene erecto y sonrosado aludiendo a la dominación masculina.



La misma lectura crítica con el paternalismo y con lo que se espera de la mujer en la sociedad hace Katarzyna Górna en Madona, de 1996, en la que interpreta la iconografía cristiana, así como Zofia Kulik en Mi propio esplendor. Hija, madre y pareja, compuesta por 15 fotografías en blanco y negro plagada de elementos iconográficos y simbología como los lirios que remiten a la pureza de la Virgen; los clavos, a la Pasión de Cristo; las calaveras, a la muerte; o las balas, a la guerra.

De esta sección del recorrido interesa también prestar atención a la videoinstalación de Katarzyna Kozyra titulada La casa de baños para mujeres, de 1996, compuesta por cinco pantallas en las que la artista proyecta la intimidad de mujeres en la intimidad de unos baños, donde sus posturas y su manera de comportarse remiten a la representación de las odaliscas en la Historia del Arte, al tiempo que hace un llamamiento sobre las imposiciones de belleza que atañen a las mujeres.

Otra de las instalaciones que también pueden vincularse con el feminismo es La melodía infinita/única de las cuerdas, de 1998, de Valie Export, en la que diez monitores reproducen el movimiento mecanizado de una máquina de coser, herramienta de trabajo culturalmente vinculado a la mujer.



Además de la vertiente femenina de la colección de Kulczyk, también figura otra relacionada con el arte conceptual, minimalista, op art y abstracto, y otra referente a la memoria colectiva y el peso de la historia en la creación polaca.

Entre las obras abstractas es posible toparse con piezas de Joan Mitchell o de Wladyslaw Strzeminski. Otras composiciones como la de Wojciech Fangor titulada Dos arcoíris 62 abordan las propiedades expresivas de los campos de color mientras que la instalación Nada es verdad todo está permitido, de Loris Gréaud, da paso a otra fase del recorrido en la que la abstracción geométrica es la protagonista.

No faltan tampoco las obras que invitan al espectador a participar de su significado. Aunque esta es una de las claves del arte contemporáneo, se hace más evidente en trabajos como Columna de luz Double 50, de 1972, de Otto Piene; Espiral, de 2000, de Günteher Vecker; Fisicromía nº643, de 1973, de Carlos Cruz Díez; o Entre, de 1977, de Stanislaw Drózdz.

Las obras minimalistas de Donald Judd anuncian el final de la exposición siendo esta corriente artística una de las que más atrae a Kulczyk, conmovida por sus formas “sobrias y puras”.

No hay que abandonar la exposición sin antes prestar atención a la obra de Roman Opalka y, en concreto, a su instalación 1965/1 –infinito, en la que el artista aborda el paso angustioso del tiempo a través de siete paneles con números apiñados expuestos en un espacio octogonal blanco y una voz en off.
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