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El PSOE no debe cruzar la línea en Navarra

sábado 15 de febrero de 2014, 01:21h
Nadie pone en duda que es necesario investigar con prontitud y hasta el fondo el asunto de las denuncias de Idoia Nieves, exdirectora de la Agencia Tributaria de Navarra, sobre las supuestas continuas injerencias con fines de propio beneficio por parte de la vicepresidenta y consejera de Economía y Hacienda, Lourdes Goicoechea, de Unión del Pueblo Navarro (UPN). Pero que esto sirva como excusa para desencadenar una crisis política en Navarra de grandes dimensiones media un abismo. Sin embargo, no parece importarle lo más mínimo a Roberto Jiménez, secretario general de los socialistas navarros, que lleva todas las trazas de no pararse ante nada con tal de conseguir su objetivo de derribar al Ejecutivo de UPN. Hasta parece dispuesto a aliarse con quienes son los “compañeros de viaje”, por decirlo suavemente, de aquellos que en la propia Navarra cometieron más de cuarenta asesinatos de víctimas inocentes. Roberto Jiménez ha dado un ultimátum a la presidenta del Gobierno foral, Yolanda Barcina, en el que se incluye una moción de censura, en la cual, de producirse, no le quería otro remedio al Partido Socialista de Navarra (PSN) que contar con Bildu de manera expresa y directa, pues para que saliera adelante dicha moción no basta con que la coalición proetarra se abstenga.

Resulta enormemente inquietante que el secretario general del PSN esté presto a cruzar una línea que hasta ahora no había traspasado su formación. Al PSOE, a medida que iba perdiendo elecciones, no le han dolido prendas en pactar con el comunismo o el secesionismo para tocar poder. Así, hoy gobierna en Extremadura con el apoyo de Izquierda Unida (IU), que no deja de cobrarle su precio por ello, y en Galicia y Cataluña se asoció con partidos secesionistas, como el Bloque Nacionalista Galego (BNG) o Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Unas alianzas, por cierto, que le van despeñando en un negro abismo político e ideológico –el nacionalista- opuesto al propiamente socialista, aunque después le hayan costado caro en las urnas. No obstante, no había dado el paso hasta ahora de aliarse con los herederos y voceros de ETA, que tanto dolor y desolación ha sembrado en nuestro país.

Y más inquietante resulta, si cabe, que Ferraz no le pare los pies a Roberto Jiménez de manera rápida, contundente y sin eufemismos. Después de que Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE, dijera que con Bildu ni a la vuelta de la esquina, Jiménez aseguró que haría todos los movimientos que fueran necesarios. A la revuelta de Pere Navarro en Cataluña se suma ahora la de Roberto Jiménez, en una muestra de que parece que a Rubalcaba se le escapa el partido de las manos o, en el fondo, está de acuerdo con las decisiones de sus correligionarios que no se detienen ante nada.

Cualquiera de las dos opciones es un desastre para el propio PSOE, que echa por la borda su sello internacionalista para unirse a partidos nacionalistas, incluso manchados de sangre, caso de que finalmente Jiménez se alíe con Bildu, así como su carácter de formación fuerte y cohesionada. Y, obviamente, un desastre para España, pues estos movimientos del PSOE vaticinan la resurrección de un posible nuevo frente popular, aderezado con el nacionalismo secesionista, hecho que traería imprevisibles consecuencias, no ciertamente halagüeñas.
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