www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Crisis a la italiana

sábado 15 de febrero de 2014, 01:22h
Cuando el país empezaba a dejar ver cierta estabilidad política y se mostraba pronto a iniciar el necesario camino de las reformas, Italia vuelve a sufrir una nueva crisis política que preocupa no sólo a sus ciudadanos, sino también a sus socios europeos. Tras la breve experiencia de Enrico Letta, el alcalde de Florencia, Matteo Renzi, salvo inesperadas sorpresas, se convertirá en el tercer Presidente que ha tenido el Gobierno de Italia en menos de dos años y medio.

La complejidad de la política italiana no puede justificar esta nueva anomalía, un nuevo cambio en el mando del país sin pasar por las urnas. Hubiese sido deseable una vía diferente, ya que de esta manera su investidura parece fruto de una decisión tomada en los pasillos del Palacio, producto de las intrigas y de los amaños de la vieja política. Un Presidente del Gobierno debe entrar por la puerta grande –la legitimidad popular directa- y no por una puerta de servicio como pueda parecer el acuerdo entre partidos. Y aunque sea un mecanismo legal, al tratarse de la voluntad parlamentaria que forma un Gobierno, se trata principalmente de un asunto de credibilidad, sobre todo en un momento de gran desprestigio de la clase política y cuestionamiento de los partidos.

La probable “estafeta” entre Letta y Renzi debe realizarse teniendo en cuenta dos factores fundamentales: por un lado, no debe representar una ocasión para resucitar nuevamente el ave fénix de la política italiana, un Silvio Berlusconi inhabilitado y cada vez más marginado de la escena política nacional. Su salida de la primera plana se ha saludado positivamente -incluso por los mercados-, y debe seguir siendo propedéutica a un cambio en la derecha italiana, una regeneración en clave liberal, moderna y menos populista. Y, por otro lado, se debe tener presente que Europa mira nuevamente a Italia con recelos y difidencia. Se debe reconocer a Letta haber conseguido que Italia haya vuelto a ocupar un rol importante dentro de las instituciones europeas, tal y como le compete. El país, que ostentará la presidencia de turno de la Unión Europea en el segundo semestre de 2014, debe mantener este protagonismo y preservar el buen crédito cosechado en estos últimos meses.

Finalmente, cabe esperar que la formación del nuevo Gobierno no sólo sea rápida, como justamente requiere la Cancillera Merkel, sino también que se proceda a la creación de un Ejecutivo fuerte, estable y duradero. Italia no puede permitirse una nueva etapa de inestabilidad e ingobernabilidad. El país debe emprender un programa de reformas improrrogables, unas medidas para relanzar una economía que se está encogiendo constantemente –y de forma alarmante- en los últimos años. Una Italia fuerte y estable, política y económicamente, resulta necesaria para el futuro de Europa.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios