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La feria aspira a aumentar las ventas animada por la bajada del IVA cultural

ARCO, el templo del arte contemporáneo en Madrid

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
jueves 20 de febrero de 2014, 17:39h
Entre el 19 y el 23 de febrero, 219 galerías participan en la 33 edición de ARCO, la feria de arte contemporáneo que aspira a superar sus ventas en un año marcado por una leve mejoría del mercado del arte y el reciente anuncio de la bajada del IVA del 21 al 10 por ciento. Esculturas, pinturas, vídeos y performance de artistas como Picasso, Juan Gris, Mariana Vargas, Ai Weiwei, Manolo Valdés, Chillida o Diego Bianchi se dan cita en un gigantesco espacio dedicado al arte contemporáneo.
La 33 edición de ARCOmadrid ha arrancado con muchas expectativas y visitantes a la espera de que las cifras de ventas confirmen los pronósticos de los más optimistas que consideran la feria de 2014 como la mejor en años, no solo por la calidad de lo expuesto, sino también por el reciente anuncio del Gobierno de reducir el IVA del 21 al 10 por ciento; aunque en este punto no todos los galeristas coinciden y algunos contemplan la medida todavía con recelo por la premura con que ha sido adoptada.

Las 219 galerías procedentes de 23 países que participan en esta edición convierten el recorrido de la feria de arte contemporáneo en una visita en la que son necesarias varias horas si se quiere asimilar lo expuesto. Es, pues, tal la cantidad de obra reunida que no es raro que el visitante/coleccionista pierda el sentido del recorrido, si bien tal circunstancia contribuye a toparse con piezas que, de otra manera, habrían pasado inadvertidas.
El recorrido, uniforme y apenas delimitado por colores que distinguen los espacios #SoloProjects –dedicado a arte latinoamericano-, Opening –a artistas emergentes- y FocusFinland –al país invitado-, ocupa los pabellones 7 y 9 de Ifema, transformados por unos días en una gigantesca galería de arte contemporáneo mundial en la que tienen cabida la pintura, la escultura, el vídeo, las instalaciones o las performance.

De las galerías más conocidas que participan en esta edición cabe citar a Ivorypress, de Elena Ochoa, que muestra, entre otras piezas, una escultura de Cristina Iglesias que remite a las reunidas por el Museo Reina Sofía en la exposición que le dedicó el año pasado, y una escultura de madera de Ai Weiwei con forma de circunferencia poliédrica, un lenguaje geométrico que se repite, y mucho, en las propuestas de otras galerías.

También Marlborough acapara la atención de los visitantes gracias a las obras de Fernando Botero y Manolo Valdés, cuyas composiciones dominadas por la combinación de texturas encuentran una referencia inequívoca en otra firmada por Manolo Millares en la galería Leandro Navarro, que acoge dos obras de Picasso –un dibujo de pequeño formato y un lienzo-, así como dos trabajos de Juan Gris y otro de Joan Miró. Otras grandes figuras del arte como Duchamp y Man Ray también están presentes, en este caso en la galería alemana Levy.

Conviene referirse a Marlborough por haber incluido entre sus propuestas la obra Amsterdam Avenue and 96 street, de Richard Estes, uno de los padres del hiperrealismo, estilo casi maldito en el arte contemporáneo que, sin embargo, parece abrir tímidamente sus brazos a esta corriente, como demuestra el hecho de que también haya sido incluida una escultura hiperrealista de Fernando Sánchez Costillo en la galería Juana de Aizpuru.

Entre las propuestas de De Aizpuru figuran cuatro fotografías de Cristina García Rodero, una escultura creada con rollos de papel higiénico de Heimo Bobering -¿creatividad a partir de lo residual?-, una escultura de Pedro Cabrita Reis creada con ladrillo –un material que se repite en muchas de las obras expuestas en todo el recorrido, quizá en alusión al boom de la construcción y sus consecuencias-, y un trabajo de Rogelio López Cuenca con Picasso como protagonista, a quien llama “pintor anticrisis” en alusión, se entiende, a su éxito en el mercado del arte como uno de los artistas más cotizados.

Así como entre las obras expuestas en la galería Helga de Alvear caben citar únicamente los tres óleos y acrílicos sobre aluminio –rosa, azul y amarillo- de Ángela de la Cruz por su carácter volumétrico y por ahondar en la maleabilidad de la materia, de otra galería de interés como la de Elvira González interesa destacar una pieza minimalista de Donald Judd, otra de Chillida, dos fotos de Mapplethorpe y dos obras de Miquel Barceló; artista también presente en la galería italiana Torbandene, en la que sobresale la serie tridimensional de Santiago Palenzuela titulada Animales.

Piezas conceptuales como la de Jorge Pedro Nuñez en Kabe Contemporary, de Miami, en la que muestra una silla de madera y metal desestructurada comparten el recorrido con otros trabajos en los que el color es el único protagonista como herramienta expresiva. Tal es el caso del tríptico de Jordi Teixidor en la galería NF.

Otros artistas españoles consagrados como Tàpies y Antonio Saura están también presentes en la feria, en concreto en Edward Tyler Nahem Fine Art Llc., de Nueva York; espacio en el que es posible también contemplar una obra de Jaume Plensa, último Premio Velázquez.

Otra galería neoyorquina, Leila Heller, incluye dos piezas relevantes: una, firmada por Shoja Azari, está compuesta de un panel de gran formato creado a partir de la suma repetida de varias instantáneas, sobre el que se ubican dos lienzos en los que la artista hace una lectura moderna sobre el desnudo durante el baño, tema muy recurrente en la Historia del Arte; y otra, de Richard Hudson, en la que el artista se sirve del acero para crear una particular versión de Marilyn Monroe.

Entre lo mejor de ARCO está la galería Javier López y la piedad de Marina Vargas, en la que la artista hace una relectura de la iconografía religiosa invirtiendo los papeles de Cristo y la Virgen, de modo que es el hijo de Dios quien sujeta a su madre mientras ella sostiene en su mano izquierda un corazón del que emana sangre en alusión a la Pasión.

Otra pieza fundamental es la firmada por Grönlund Nisunen en la galería berlinesa Esther Schipper, cuya puesta en escena y sonido atrapa la atención del espectador casi como ninguna otra obra en toda la feria, aunque tal “privilegio” seguramente se lo dispute con las performance Congress topless y la del argentino Diego Bianchi, artista que presenta a un joven en el centro de una habitación plagada de objetos unidos a él por finos hilos transparentes, incluido su pene, que muestra sin tapujos previo aviso de la galería Barro Arte Contemporáneo que acoge la obra.
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