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RESEÑA

Álvaro Enrigue: Muerte súbita

domingo 23 de febrero de 2014, 12:46h
Álvaro Enrigue: Muerte súbita. Premio Herralde de Novela. Anagrama. Barcelona, 2013. 264 páginas. 17,90 € Libro electrónico: 13,90 €
Nos llega nueva novela de Álvaro Enrigue, fresca aún la tinta impresa de aquella historia incómoda y arriesgada, Valiente clase media. Dinero letras y cursilería (2013), donde ensayaba un paralelismo de recorridos entre burguesía, literatura y variantes lingüísticas del español según la orilla y continente donde aposentemos nuestros reales.

Muerte súbita tiene ya en su título referencia explícita al final de juego en un deporte de pelota, en este caso el tenis, que estructura de pleno esta imaginativa, desmitificadora y socorrida novela. No existe ya en arte -en la comedia o en la novela- más regla intangible que la del interés del lector o espectador y está bien que así sea. El presente libro atraviesa distintos momentos emblemáticos de la Historia con el telón de fondo de la raqueta y la bola. Desde el primer partido de tenis entablado por cuatro demonios con el pobre alma de un seminarista a modo de pelota, según se cuenta en el Diálogo de los milagros de Cesáreo de Heisterbach, hasta el momento crucial de un supuesto partido despachado el otoño de 1599 entre Quevedo, nuestro poeta cojo, y Caravaggio, que representa el grueso de este texto.

El escritor mexicano se alimenta de esa cualidad omnipotente de la novela, que a cada rato conviene recordar, por la cual acoge en su seno discursos de muy variado pelaje sin distorsión ni merma cuando se trenzan con soltura los hilos del boliche narrativo. Entradas del diccionario de autoridades, citas de relaciones, fragmentos de epístolas o tratados se intercalan con la dramatización de breves pasajes íntimos de la Historia, envidiable aquel primero sobre Cristóbal Colón, buenos los capotes echados a la figura de Hernán Cortes, sabroso el seguimiento de las pinturas religiosas, siempre con una punta de sensualidad, del pintor lombardo. Aunque de entre todo este material se nos antoja incomprensible el correo electrónico inserto entre capítulos sin mayor explicación (55).

Muerte súbita pudiera desmembrarse si no lo sostuviera la voz firme de Álvaro Enrigue, sin embargo, una misma manera de contar, estilo lo llaman, da licencia estética al texto y lo convierte en unas divertidas, eruditas, originales y curiosas páginas de otro “libro anfibio”, como acertó a definir Guadalupe Nettel esa otra novela del escritor de Jalisco, Hipotermia (2006).

Las palabras acuden en tropel al escritor premioso. El literato debe, sin embargo, realizar una puntillosa criba para ofrecer en cada momento aquella no de tono más adecuado, sino más exacta en la precisión. Tal búsqueda de exactitud resulta clave en el arte de aunar letras. El autor mexicano tiene la virtud de convertir en narración historias de muy diversa índole, lo cual no es moco de pavo. Más allá, en Álvaro Enrigue el idioma español se refresca en el cruce de océanos y nos vuelve transpirado de imaginación sin cautela y solazado de inspiración.

Por Francisco Estévez
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