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¡Viva la Constitución!, con perdón

martes 25 de febrero de 2014, 20:26h
A veces suceden cosas un poco raras, que merece la pena ser explicadas, para poder conocer el suelo que pisamos. Hace unos días, tras una votación en el Congreso sobre la negativa al proyecto secesionista y rupturista de Mas en Cataluña, que promovió UPyD y apoyó el PP y el PSOE, se desmarcó Rubalcaba con unas curiosas declaraciones a los pocos minutos de votar: “No vamos a estar cada quince días dando vivas a la Constitución”.

Creo que tales declaraciones merecen una breve reflexión sobre lo que piensa el segundo partido nacional de España ante un tema que no es menor. Estamos, sin duda, en un momento vital para el futuro de España como Estado y como Nación. Determinada clase política catalana, no Cataluña ni todos los catalanes, están echando un órdago a la grande a nuestro modelo de convivencia, a nuestro sistema político, nacido precisamente de la Constitución de 1978. Más de doscientos años han necesitado España y los españoles para lograr un marco adecuado de convivencia, muchas Constituciones fallidas, golpes de Estado, guerras civiles y dictaduras hemos padecido en el camino. La Constitución de 1978 ha sido y es nuestro gran logro en nuestros dos últimos siglos de historia. Nos ha proporcionado una paz y un desarrollo social, económico y político como nunca antes habíamos conocido. Todo eso se puede romper. Las reglas del juego se quieren cambiar por parte de algunos. Se busca romper territorio, pueblo y siglos de pacífica convivencia.

Pero la Constitución de 1978 es algo más, que cierta clase política catalana no valora ni entiende, pero mucho más preocupante es que el líder de la Oposición del Congreso de los Diputados tampoco lo vea. ¿Qué es ese algo más? Nuestra Carta Magna garantiza la defensa del interés general y de la igualdad frente a los particularismos (el trágico qué hay de lo mío) y las desigualdades. La solidaridad es un principio esencial que recorre la Constitución, desde su artículo 2 hasta su Título VIII. Esto es, la razón de ser de la democracia.

Confieso que no me gusta el nacionalismo, de ningún tipo. La historia de los nacionalismos siempre está rodeada de irracionalidad y violencia, de exclusión y manipulación. Se basa casi siempre en una Causa que todo lo justifica, algo realmente peligroso para la convivencia. El nacionalismo maneja bien el discurso emotivo, pero falla en el discurso racional y en la defensa de los derechos humanos. Tarde o temprano el nacionalismo también sacrifica los derechos humanos a la Causa.

Sería bueno que el Señor Rubalcaba recordara esto cuando olvida la importancia y la relevancia de la Constitución. Pienso que todos los días deberíamos valorar lo que tenemos, no permitir su ninguneo y quitarnos de absurdos complejos que no nos llevan a nada. En democracia lo esencial no se discute. No se puede poner en duda el Estado de Derecho, no se puede poner en duda la igualdad de todos los españoles y mucho menos el interés general y el bien común. Todo eso es y defiende la Constitución española de 1978 y todo eso podemos perder con la locura secesionista que practica cierta imprudente y miope clase política catalana, en una absurda apuesta en la que todos perdemos y nadie gana. Sin duda y a diario: Viva la Constitución.
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