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Crónica económica

Pero aún nos acordamos de la crisis, presidente

miércoles 26 de febrero de 2014, 00:27h
Hay dos consideraciones económicas que hacer respecto del discurso de Mariano Rajoy. La primera es que la crisis es cosa del pasado. Rajoy no lo ha dicho así, claro está. Ha precisado los límites de su optimismo con cartesiana precisión. Pero, ¿qué límites son esos, en comparación con el mar de fondo, que grita calladamente que la crisis ha acabado? Cuando Elena Salgado habló de “brotes verdes” en nefanda ocasión, vetó a políticos y analistas la posibilidad de hablar de mejora en la economía. Tampoco tenían elementos para hacerlo.

Pero los desequilibrios de la economía española, que se acrecentaron desde finales de los años 90’ hasta 2007, se han estado corrigiendo desde entonces. Y la corrección también tiene un fin. ¿Habrá llegado ya el momento? ¿Podemos decir que la crisis ha acabado?

Mariano Rajoy, en un vano intento por evitar el titular del diario El País, ha dicho que la crisis no terminará (políticamente, se entiende), hasta que no se cree empleo neto. Para eso tienen que darse varias condiciones. El crecimiento, la primera de ellas. El Gobierno reconoce que España crecerá más de lo que decía anteriormente; un punto este año y un punto y medio en 2015. Poco, y en cualquier caso insuficiente para crear empleo. Ya dijimos, el primer día del año, que esperábamos que la mejor previsión de crecimiento que había sería notablemente peor que el dato real. Esa mejor previsión apuntaba a un crecimiento del 1 por ciento, que ya asume el Gobierno. Veremos en qué queda.

Pero no basta. De modo que Mariano Rajoy hace dos cosas para acelerar la creación de empleo. La primera es fijar una “tarifa plana” de cotizaciones sociales de 100 euros para las nuevas contrataciones, si éstas son en una plantilla que se ensancha. Hay una realidad que no siempre se entiende, pero que hemos explicado aquí, y es que quien paga legalmente un impuesto no es necesariamente quien lo paga económicamente. Y las cotizaciones sociales las paga, todas, el trabajador. La rebaja en la Seguridad Social es una rebaja en la exigencia de pagos al Estado por parte del trabajador. Es una rebaja, en consecuencia, en el sueldo, tanto como en lo que el trabajador paga, de ese sueldo, al Estado. Los motivos de esta medida son dos. El primero es que, al rebajar los sueldos, se acercan oferta y demanda y el paro baja. El segundo es que la pérdida en ingresos por cotizaciones sociales se compensa, al menos en parte, por el mayor número de cotizantes, y por la caída en las prestaciones sociales.

La segunda medida es la rebaja de impuestos. Se eleva el mínimo exento hasta los 12.000 euros. Es una medida muy importante, ya que el mínimo exento estaba en los 5.151 euros. La medida afectará a unos doce millones de contribuyentes.

Ahora, los tiempos. La primera medida durará dos años, que es lo que resta de legislatura. La segunda entrará en vigor en 2015, a tiempo para que cuando sean las elecciones, en noviembre de aquél año, esa rebaja fiscal haya desplegado todos sus efectos. De nuevo, la política.
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