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Periodismo: nos creemos lo que nos queremos creer

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
miércoles 26 de febrero de 2014, 20:15h
Si algo ha quedado claro con el experimento de Jordi Évole sobre el 23-F en su espacio de La Sexta es lo fácilmente manipulable que es el personal con todo lo que sale por televisión. Esto, lógicamente, le incluye como manipulador. Hace tele y lo hace bien, pero ha sembrado la duda. Ahora cabe preguntarse por el porcentaje de mentira que hay en otros reportajes de impacto anteriormente emitidos por él. Porque ha jugado con la verdad de unos hechos y con el sentir de millones de espectadores y ya se sabe, el que peca una vez…

Pero no le quitemos mérito: triunfó. Valentía sin precedentes en España que honra al periodista ‘follonero’. Admite la manipulación de todo lo emitido porque se trataba de eso, de conocer la reacción de la ciudadanía, de la opinión pública. Y lo ha conseguido de forma más que notable con un tema que, como esencia de la denuncia final del programa, todavía se desconoce y, por ley, así seguirá por mucho tiempo.

Y digo yo: ¿Es bueno o malo para la credibilidad del periodismo experimentos como el de Évole? ¿Se imaginan lo que hubiera pasado si no revela al final la farsa? ¿Ha fortalecido la Democracia este ensayo?

La credibilidad del periodismo, como se comprobó en las opiniones vertidas en las redes sociales (267.000 tuits) durante la emisión del programa, cuando todavía no se sabía que el documental era falso, está en función de quién diga según qué cosas. Es aquí donde los prejuicios (esas valoraciones realizadas antes de conocer por completo los hechos) alcanzan su máxima expresión.

Así ha resultado y así se ha visto. Si lo que cuentan gusta, la disposición a creerse la noticia es mayor. Si no coincide con nuestro pensamiento o ideología, la noticia o el periodista no son creíbles. Es así, nos creemos lo que nos queremos creer. Si no, ¿por qué en las encuestas sobre medios siempre hay una mayoría que no cambia nunca de canal? ¿Es que esa televisión, esa emisora de radio o ese periódico es el único que le revelará la verdad absoluta? ¿Por qué tan pocas personas comparan las informaciones en distintos canales?

Afortunadamente, la gratuidad de los diarios en Internet está haciendo cambiar esto. Pero en televisión…

El problema, o no, es que, a pesar de saber que el montaje es una farsa bien montada, te encuentras con gente que como le gustaba lo que le estaban contando porque así iba a poder sacar pecho con el típico “ya te lo decía yo”, todavía te dice que se lo cree, que si no se puede saber la verdad final, no se puede descartar como cierta esta mentira.

Digo problema porque no hay nada más tozudo que los hechos. Aunque se reconozca la falsedad, la invención, el teatro, siempre habrá un creyente dispuesto a dar fe. Siempre habrá alguien indiferente al engaño que recordará el viejo refrán: “Cuando el río suena…”. Sin embargo, esto no hace más que alimentar rumores, dar crédito a bulos y hacer bueno eso tan español del “tú difama que algo queda”.

Ingenioso y divertido, Évole ha vuelto a sorprender. ¿Qué será lo próximo? Lo que sea, lo pondremos en duda. El que se sienta delante de un televisor sabe a lo que se expone. Yo me expondré a ‘Salvados’ mientras mantenga mi interés. Ya lo tenía, ahora un poco más. Pero, ¿seguirá teniendo la confianza del resto de audiencia? Veremos…

Javier Cámara

Periodista

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