www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

CRÓNICA DE AMÉRICA

La UE cambia sus prioridades en Cuba

viernes 07 de marzo de 2014, 11:47h
El Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) acaba de abandonar su Posición común, relegando a un segundo plano retórico la defensa de la democratización de Cuba y el avance en la isla de los Derechos Humanos para incentivar en ella grandes inversiones.


Finalmente la Unión Europea (UE) ha dado el salto definitivo para poner fin a la Posición común hacia la dictadura cubana -ideada en 1996 por José María Aznar-, como una vía de presión contra el régimen comunista para obligarle a asumir un respeto político a los Derechos Humanos. Un cambio de actitud europeo que se produce tras una larga resistencia de países de la UE que sufrieron en sus carnes la crueldad comunista como la República Checa, Hungría, Alemania o Polonia, y ante el despecho y profunda preocupación de la disidencia cubana que ve más debilitadas aún sus ya frágiles posiciones. También haciendo caso omiso del primer y más influyente “think tank” de habla hispana, la Fundación para el Análisis y los Estudios sociales (FAES), que ha advertido sobre lo que considera un error estratégico de la diplomacia europea para entregarse a una vía errática. Pese a estas resistencias, el pasado 10 de febrero el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) instó a la representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, a iniciar las negociaciones de un acuerdo bilateral, cuyos primeros diálogos se están realizando estos días, y que terminarán con el aislamiento político de Europa respecto al régimen castrista.

¿Por qué se ha dado un giro tan radical en una cuestión de principios que se dejará sentir en toda la política hacia Hispanoamérica? No hay que desdeñar la probada astucia cubana para sobrevivir a las circunstancias más adversas, ni tampoco olvidar el pragmatismo cortoplacista de una UE en crisis y carente de un liderazgo con proyectos a largo plazo. El punto de origen de este abandono de principios hay que buscarlo una década atrás, cuando la victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero brindó a La Habana la oportunidad de entrever un cambio de rumbo de la política española hacia la isla caribeña, y a partir de ese vuelco anular la presión de la UE a favor de una democratización tal como había sido diseñada por Aznar. La diplomacia de Rodríguez Zapatero comenzó a dar resultados en 2005, cuando empezaron a revocarse sanciones que Bruselas venía aplicando a La Habana. El relevo en la cúspide de Fidel Castro por su hermano Raúl Castro en 2006 facilitó la labor del entonces ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, para restaurar proyectos puntuales de cooperación que sirvieran de preámbulo para que la UE y Cuba restableciesen formalmente sus vínculos diplomáticos -la isla recibió millones de euros tras el paso de varios huracanes-, y acto seguido, Moratinos dio por normalizadas las relaciones bilaterales hispanocubanas. Hoy, desde Bruselas, se esgrime que la Posición común de la UE no ha provocado los efectos democratizadores buscados inicialmente, pero lo cierto es que las medidas requerían una perseverancia en el tiempo que no tuvieron, pues la Posición común se fue quedando huera como una nuez vacía con el cambio diplomático en España. En la práctica, la UE se convirtió en el segundo inversor internacional en Cuba, solo aventajado por la financiación chavista llevada a cabo por Venezuela.



Que el nuevo cambio de Gobierno en Madrid preocupó profundamente a las autoridades cubanas, temerosas de que España restituyese los firmes principios políticos de Aznar y arrastrase a la UE a la severidad inicial, lo refleja un durísimo artículo publicado por Fidel Castro en 2012, en “Juventud Rebelde”, bajo el título “La fruta que no cayó”, donde arremete furiosamente contra España y Europa como un peligro común al que hay que descalificar y vejar: “El gobierno español y la destartalada Unión Europea -escribe Fidel Castro-, sumida en una profunda crisis económica, deben saber a qué atenerse. Produce lástima leer en agencias de noticias las declaraciones de cuando utilizan sus descaradas mentiras para atacar a Cuba. Ocúpense primero de salvar el euro si pueden, y respondan a los indignados sobre los cuales la policía arremete y golpea constantemente.”




La altanería del líder comunista aparentemente jubilado, actuaba como una fachada tras la que ocultar el miedo a la eficacia de las antiguas medidas contra su régimen político, que ahora podían retornar. El artículo descendía al insulto del que pierde los estribos: “No ignoramos que ahora en España gobiernan los admiradores de Franco, quien envió a miembros de la División Azul junto a las SS y las SA nazis para matar soviéticos.” El temor al regreso de duras sanciones políticas, sacó de sus casillas al viejo dirigente que no ahorró poner nombres y apellidos a su delirante soflama descalificadora: “La derecha fascista de Aznar, Rajoy y otros servidores del imperio, debe conocer algo de las 16.000 bajas que tuvieron sus antecesores de la División Azul y las Cruces de Hierro con las que Hitler premió a los oficiales y soldados de esa división. Nada tiene de extraño lo que hace hoy la policía Gestapo con los hombres y mujeres que demandan el derecho al trabajo y al pan en el país con más desempleo de Europa.” Ni en sus más desatinados desvaríos Castro podría pensar que ese imaginario admirador del franquismo, de la División Azul y de la Gestapo, como ha definido en su dislate al Gobierno de Mariano Rajoy, seguiría una línea continuista con Zapatero y se convertiría en el principal adalid para desarbolar las resistencias de los últimos países reacios a abolir por completo la Posición común, desde Suecia hasta Polonia, y sustituirla por un plan de inversiones a gran escala en una relación bilateral normalizada. Objetivo conseguido en el primer mes del presente año.


El imprevisto regalo le llega a La Habana en el momento en que más se necesitaba. La implosión económica de la Venezuela de Nicolás Maduro compromete la continuidad de unas ayudas vitales para que el régimen comunista de la isla se mantenga en pie. Estos días el Gobierno de Cuba hace proliferar los homenajes a Hugo Chávez, en conmemoración del año transcurrido desde su muerte, consciente del amparo providencial que le prestó y de su carácter irrepetible a causa del desplome de la riqueza en el postchavismo. El régimen precisa para sobrevivir a un nuevo inversor sin coacciones ideológicas que releve a una Venezuela en caída libre y la UE ve la oportunidad de ocupar la primera posición como inversor en un país estratégico en el que prevé poder impulsar un gran crecimiento a medio plazo.

Los mandatarios cubanos están maniobrando con indudable astucia para coronar con éxito la operación echando los cebos del modo más persuasivo. Uno de los anzuelos repite la estratagema empleada para vaciar de contenido la Posición común en 2008. Consiste en fingir una apertura económica que los países europeos puedan vender a su opinión pública como un principio de cambio, aunque no sea más que una superchería detrás de la cual no haya nada. En el 2008 se airearon como supuestos comienzos de una liberalización económica iniciada por los nuevos aires traídos por Raúl Castro el que la población cubana pudiera alojarse en los hoteles turísticos de la isla -suprimiendo la prohibición establecida hasta entonces-, o la aceptación de que fuera posible comprar teléfonos móviles. Quien pisase suelo cubano en aquella fecha, como quien firma esta crónica, pudo comprobar que ningún cubano de a pie se hospedaba en hotel alguno, precisamente por el miedo a que nada más salir de él las autoridades policiales le detuvieran para que explicase cómo había obtenido el dinero prohibitivo para costearse semejante lujo. Tampoco hubo ninguna explosión de telefonía móvil: los agraciados que lograban hacerse con uno, carecían de recursos para pagar las llamadas, usándolos solo para recibir mensajes. Algo que tuvieron pronto que olvidar porque la recepción de una llamada también había que pagarla con un coste oneroso, sin tener en cuenta las escuchas generalizadas de los servicios de seguridad. Solo la elite del Partido Comunista tuvo carta blanca para disfrutar de esa imaginaria apertura. Dos ejemplos de cómo el régimen sirvió en bandeja a la UE falsas aperturas con las que justificar ante la opinión pública un cambio de posición difícil de digerir.

La misma historia se acaba de repetir utilizando idéntica añagaza. Se anuncia una medida liberalizadora de Raúl Castro -convertido en auténtico experto en fabricar estos cebos-, la autorización oficial de la libre importación de vehículos, prohibida desde hace medio siglo, y se lanza desde el diario “Granma”. Silenciando, obviamente, la particularidad de que nadie que cobre en pesos cubanos -muy distintos a los pesos-dólar, en el doble sistema monetario de Cuba-, podría comprarse ni una rueda de un automóvil de importación con décadas de trabajo. Únicamente la minoría privilegiada de siempre que tenga acceso a los pesos-dólar logrará hacerse con un coche de importación. Medida, pues, liberalizadora de papel mojado, útil solo para que gobiernos extranjeros se puedan justificar y la aristocracia del Partido Comunista pueda autofestejarse con alguna alegría. Decir que el sector privado se abre camino en la isla con negocios innovadores, como, por ejemplo, el sector de detectives privados, cae en el más hilarante sarcasmo dentro de un régimen policial hipervigilante que no va a consentir precisamente policías privados. La realidad es que a comienzos del 2014, Raúl Castro ha prohibido hasta los tenderetes de venta de ropa, llegada en equipajes particulares, y que sobrevivían al socaire del turismo.




Más enjundia tiene la argucia de crear una Zona Especial de Desarrollo (ZED), al estilo de las reformas chinas, diseñada como una zona franca, que permite la libre transferencia fuera del país de recursos financieros. La ZED se ha instalado en el puerto de Mariel, cerca de La Habana, y ha atraído al instante la inversión millonaria de Brasil. El ejemplo de China ha abierto un repentino apetito inversor con el señuelo de una Cuba comunista que tolere una economía de mercado. De inmediato, México ha cerrado sus heridas políticas con La Habana y se ha aprestado a tomar posiciones en la isla caribeña. Ante los movimientos de países como Brasil o México, a la Unión Europea le han entrado urgencias inversoras que no le hagan perder su situación dominante.

Los escrúpulos ideológicos a favor de la democratización y los Derechos Humanos han pasado a un segundo plano puramente retórico. Ninguna cancillería europea cree seriamente en una liberalización económica para la población cubana, pero sí se hacen números a costa de los futuros beneficios que pragmáticamente puedan obtenerse de un sistema mixto. El otro argumento que la UE esgrime para acallar voces críticas entre la opinión pública del continente consiste en prometer que las inversiones de hoy facilitarán una transición a la democracia en el mañana. ¿Pero habrá realmente transición si se apuntala al régimen sin exigirle reformas democráticas y avances en los Derechos Humanos? ¿Qué influencia en una hipotética transición se podrá verdaderamente conseguir si no se tiene en cuenta a los disidente, es decir, a los políticos demócratas que deben protagonizar la disolución de la dictadura? ¿En qué dirección se va, si se les da la espalda?