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El Congreso del PP vasco, protagonizado por el pulso con Alfonso Alonso

Las tensiones previas amargan la puesta de largo a Quiroga

viernes 07 de marzo de 2014, 12:18h
Pocas horas antes del Congreso Regional del Partido Popular vasco, Arantza Quiroga se plantaba ante Alfonso Alonso y amenazaba con la dimisión. Lo que parecía un evento cómodo y de fortalecimiento ha estado precedido por tensión y la resolución deja heridas abiertas.
No es necesario recurrir a la hemeroteca para ejemplificar el poder de las matrices sobre las filiales en política. La elección de José Manuel Moreno como líder de los 'populares' andaluces o la marcha atrás del Partido Socialista de Navarra en relación con la moción de censura a Yolanda Barcina son decisiones de Madrid y no de Sevilla y Pamplona. Estos últimos días, Génova ha mantenido un pulso con Vitoria que cerca ha estado de írsele de las manos. La franquicia vasca no se caracteriza por el gusto a la injerencia o por guardar silencio cuando discrepa de la jerarquía nacional.

Arantza Quiroga ha exhibido músculo apartando a Iñaki Oyarzábal, hombre de confianza de Alfonso Alonso, de la secretaría general. También ha demostrado mano izquierda, pues concede puestos de relevancia a los dirigentes alaveses Javier de Andrés, que será vicesecretario general, y Laura Garrido, futura portavoz. Pero el número dos, la vacante de Oyarzábal, es para Vizcaya, para Nerea Llanos, avalada por el presidente del partido en este territorio, Antón Damborenea.



Quiroga, considerada puente ideológico entre la vieja guardia y la generación que ocupa, ha confirmado esta percepción con el nombramiento de Llanos, de corte más conservador que Oyarzábal. Su ascenso era cuestión de tiempo. Aunque joven, 46 años, ha dedicado casi dos décadas a la política, siempre en segundo plano. Es licenciada en Derecho y comenzó su carrera en 1995 como concejal en Galdácano (Vizcaya). Casada y madre de tres hijos, es aficionada a la lectura, el teatro y la natación, cuenta.

El reto que espera a Llanos no es pequeño. El PP vasco deberá pronunciarse muy a menudo en los próximos tiempos acerca del confuso escenario en torno a ETA. Aunque no arranca con buen pie, a tenor del disgusto de Alonso, ocupa un asiento de gran visibilidad y proyección y para bien o para mal su hoja de servicios dará un vuelco. Por lo pronto, hay que quedarse con su rostro y su discurso y seguir de cerca la era Quiroga-Llanos, resultado de un Congreso Regional precedido de intrigas y un reparto en el que no se ha tolerado intervención exterior.
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