portazo de maría san gil
¿Puntilla para Rajoy?
lunes 12 de mayo de 2008, 15:05h
La renuncia de la presidenta del PP vasco, María San Gil, a avalar la ponencia política que se prepara para el Congreso de los populares es una carga de profundidad para Mariano Rajoy muy superior a la supuesta por los sonados abandonos de Zaplana y Acebes. San Gil ha querido demostrar que no está de acuerdo con el giro estratégico de Rajoy, empeñado ahora en una línea de pactos, especialmente con los nacionalistas, que le han planteado sus asesores como vía para ganar las elecciones.
Esa línea pactista supone un giro radical en los planteamientos políticos del PP y las convicciones de muchos de sus militantes y dirigentes. Para María San Gil, por ejemplo, mimetizarse en el País Vasco con la estrategia del PSOE (que hace bandera de esos pactos con nacionalistas) podría suponer su suicidio político y el del PP vasco. Y en el resto de España, acercarse al PSOE en lugar de oponerse a él, más que mover a la simpatía hacia los populares, los convertiría en inútiles para la democracia.
Mariano Rajoy ha hecho, en efecto, una apuesta muy arriesgada: transformar al PP en un partido diferente, con equipos renovados para dar poder a sus fieles, aun a riesgo de desarbolar convicciones y principios. Y se ha postulado como candidato y reclamado adhesiones incondicionales para bloquear toda alternativa a su liderazgo. Ambos movimientos podían causar, y así lo han hecho, una fuerte contestación interna. Porque, aunque Rajoy pudo confiarse por las palabras de respaldo de determinados líderes regionales (Núñez Feijóo, Camps, Arenas, Cospedal…), lo cierto es que el desencanto empezaba a hacer mella en los sectores medios del partido, despreciados en los cambios en el equipo de Rajoy, pero en plena madurez generacional.
El detonante último ha sido el de María San Gil, un referente moral fundamental para el PP, donde cuenta con la simpatía prácticamente universal. Que Rajoy no percibiera esto y no imaginara que la dirigente vasca no soportaría el giro de una nueva relación pactista con los nacionalistas, que han sido los principales enemigos del partido de Rajoy durante la pasada Legislatura, y que además tienen un proyecto soberanista radicalmente contrario al del PP, ha podido suponer un gran error de cálculo. Eso es lo que indican las reacciones tajantes de apoyo a María San Gil de Esperanza Aguirre, Ana Botella o Gustavo Arístegui, como puntas de lanza de una opinión muy extendida en ese partido.
Rajoy ha hecho caso a quienes le aconsejaban que se quitara lastre de encima. Pero el lastre puede ser el propio PP que Rajoy quiere transfigurar.
El malestar ya se cocía. A cada movimiento de Rajoy, se ha acrecentado. Posiblemente haya llegado al límite. La línea de Rajoy va a ser enmendada radicalmente, tanto en la ponencia política como en la de Estatutos (y no sólo por la petición de primarias). Rajoy puede llegar al Congreso entre la espada y la pared, si es que resiste hasta entonces. Si bloquea otras candidaturas, perderá todo crédito personal. Y si no las bloquea, puede tener una inesperada respuesta.
Probablemente, Rajoy ha creído a quienes opinan que un partido es una plataforma electoral (como la que ha tenido Zapatero para su victoria). Pero el PP ha aguantado contra viento y marea unos principios, muchas veces impopulares, que componen su seña de identidad. Sin ellos, no sería ese partido. Habría que refundarlo. Pero no por la puerta trasera y sin contar con los propios equipos que lo han sostenido en el Gobierno y en la Oposición.
Rajoy está acorralado, con una guardia pretoriana sin relieve y con apoyos interesados pero no siempre sinceros. El gesto de María San Gil ha podido significar la puntilla para las aspiraciones del candidato derrotado en marzo. Sólo un giro copernicano en la estrategia hasta ahora demostrada lo puede salvar. Porque todo los males de Rajoy vienen de un mal análisis de los resultados de la derrota electoral. La cuestión está en saber si podrá cambiar de análisis o continuará languideciendo como líder hasta que se vea obligado a renunciar.