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RESEÑA

Carmen Amoraga: La vida era eso

domingo 16 de marzo de 2014, 13:00h
Carmen Amoraga: La vida era eso. Premio Nadal 2014. Destino. Barcelona, 2014. 320 páginas. 19,50 €. Libro electrónico. 13,99 €
La vida era eso es la última novela de Carmen Amoraga, ganadora por buenos méritos del Premio Nadal 2014, del que ya fuera finalista hace pocos años con Todas las caricias. Algo tan parecido al amor (2007). En manos de escritores con poco gobierno de la pluma el argumento escabroso de la muerte de la pareja pudiera ser manido para florituras o, peor aún, tristes tópicos y otras sensiblerías de baja estofa. No ocurre así en este texto que según avanza nos introduce casi de soslayo en esa vorágine caprichosa, compleja, a ratos brillante, a ratos brumosa, a la que llamamos vida.

El mazazo de un cáncer letal de su pareja deja a Giuliana consternada y sola con dos hijas. Con ágiles golpes de ritmo, a veces con apretadas líneas, la protagonista desgrana en pocas palabras el complejo recuento de una vida en común con sus miserias, bondades, rutinas, enredos, algunas desilusiones, unas pocas de trampas y, sobre todo, intenso amor. Valgan como ejemplo las duras páginas 37 y 38. El lector deberá acompasar el inclemente proceso de luto de la mujer a través de redes sociales, vívidos recuerdos, grupos de guasap, cita con especialistas o conversaciones con íntimos o no (ya se sabe que para muchos con estos últimos resulta más sencillo sincerarse).

Inicialmente devorada por el propio sentimiento al amurallarlo en su interior, como dijera Frida Kahlo, Giuliana pasa a escribir notas en el muro de Facebook de William, su pareja ya fallecida, a modo de mensajes de náufrago en una botella al océano difuso de la red. La escritura como terapia. Como no puede ser de otra forma, a ratos la suya se le presenta una vida sin vida, ese tortuoso purgatorio del luto, vaya, aquí redactado de forma contundente por Carmen Amoraga. El excelente análisis de tan pesaroso trámite lo dejo cifrado C. S. Lewis en esa pequeña joya que es Una pena en observación, y en estas páginas es justamente recordado. Como explicara el profesor y escritor irlandés, es cierto que el manto del olvido como la nieve tiende a sublimar el recuerdo de nuestros seres queridos al difuminar el perfil exacto de su silueta. Siempre que sean queridos, atención. Por eso Giuliana afirma que “la muerte no se lo lleva todo. Se lleva sólo una parte, la mala”. Aunque al poco tendrá que rumiar sus propias palabras y hacer recuento de discusiones, dudas, infidelidades y otros pesares con que de común se adorna la vida en pareja.

La novela funciona desde el eje del tú-yo de la pareja, de ahí la presencia secundaria de las hijas. Resultará sencillo a muchos lectores proyectarse en los personajes de La vida era eso, entre otros motivos porque en nuestra sociedad occidental actual, individualista y hedonista hasta la exasperación, la aceptación de la muerte (como la vejez) tiene mal encaje. Muestra de ello es como quedan orillados los cementerios en los arrabales de la ciudad. Hasta que nos toca afrontar a las Parcas de cerca. Entonces, como la protagonista, debemos aprender a perder para aprender a vivir y a la vez saber que Senza fine es algo más que un hermoso dueto de Gino Paoli y Ornella Vanoni que agradaba a Giuliana y William. No podemos hacer menos que finalizar con una de las citas, acaso la más certera, que antecede al texto y lo resume con escalpelo cirujano de mano de Pedro Salinas: “¿Serás, amor, un largo adiós que no se acaba? Vivir, desde el principio, es separarse”.

Como dirían los antiguos: Vale.

Por Francisco Estévez


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