Cataluña no es Crimea
miércoles 19 de marzo de 2014, 01:16h
A propósito de la secesión ilegal de Crimea, tanto Artur Mas como el ministro español de Exteriores, José Manuel García Margallo, hacían valoraciones comparativas con Cataluña. El President se refería a este hecho poniéndolo como ejemplo de lo que sucede “cuando se oprime a un pueblo”, equiparando el caso crimeo con el catalán. Le replicaba Margallo con un argumento tan de libro como poco grato a los oídos del nacionalismo catalán: una Crimea fuera de Ucrania es una Crimea fuera de la órbita europea, como así ha podido constatarse.
Crimea fue siempre rusa, hasta mediados del pasado siglo. Casi el 90 por ciento de su población habla ruso y se siente rusa; históricamente, ha sido así desde hace siglos. El caso catalán es bien distinto. Primero –y desde tiempos medievales- incardinada en el reino de Aragón y, posteriormente, desde hace más de 500 años, parte indisoluble del Reino de España, la historia del Principado ha estado siempre ligada a la del resto del país. Los nacionalistas intentan retorcer una realidad que pasa por reivindicar el conflicto del XVIII, conocido como la Guerra de Sucesión Española, como si fuera una especie de guerra de independencia de Cataluña, cuando, en realidad, se trataba de un conflicto internacional por la sucesión del reino de España, en el que de una parte, quizá mayoritaria, de la población catalana, como ocurrió en otros lugares del Reino, tomó partido por el candidato perdedor, pero no por eso menos partidario de la unidad del Reino que su rival borbónico.
Crimea ha salido de Ucrania por mor de un referéndum ilegal. Cuenta con el apoyo de Rusia, y con el rechazo de toda Europa y gran parte de la comunidad internacional. Otro tanto le sucedería a Cataluña si intentase seguir sus pasos, salvo que aquí el respaldo de Moscú sería bastante más difícil de conseguir. Así pues, la ilegalidad –y su resultado- es el único lugar común entre ambos supuestos.