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Estamos por sus huesos. Goya, Colón, Cervantes, Santa Teresa y otros “objetos perdidos”

lunes 12 de mayo de 2008, 20:39h
Los ilustres “muertiños son difícilmente identificables. Recientemente se ha planteado un problema que, para historiadores y amantes de fetiches significa una verdadera catástrofe. Ha desaparecido el cuerpo -dejémoslo en los huesos- del autor del Quijote. Miguel de Cervantes Saavedra estaba enterrado en Madrid, en la iglesia y convento de las Trinitarias y Descalzas. No creemos que se haya convertido en un fantasmagórico personaje de una película de Amenábar. Ni siquiera de Jardiel Poncela, que se inventó “un marido de ida y vuelta”. Pero la realidad es que ha desaparecido.

Madrid busca, para aplicarles el ADN, a sus genios. Es conocido el hecho de la desaparición de la cabeza de don Francisco de Goya y Lucientes. “El fotógrafo” de los “fusilamientos del 3 de mayo” fue decapitado y jamás se encontraron los restos, la caja fuerte, que encerraba su talento de pintor y también de escritor. No solo desapareció el notario gráfico de la rebelión independentista española, sino que nos escamotearon a la mayor parte de las victimas de aquellos fusilamientos. Verbigracia los huesos de la gran heroína de aquellas cruentas batallas, Clara del Rey, de su marido y de sus hijos. Se sitúan sus restos mortales en el cementerio de la Florida. Pero también se nos dicen que están enterrados en una iglesia con fachada a la calle de los libreros.




Los restos de Cristóbal Colón ya no entran en polémica. Se creen dueños de los mismos los dominicanos y los sevillanos. Se le rinde homenaje en su supuesto enterramiento americano y en la no menos supuesta tumba de la catedral de Sevilla.

José María Moreiro, gran periodista y escritor, vive que no vive en sí, tratando de reconstruir un “puzle” llamado Teresa de Jesús. Sabido es que utilizándola como talismán uno de sus brazos acompañaba al caudillo Franco allí a donde éste se desplazaba. Sus reliquias y su esqueleto pueden ser visibles en la ciudad salmantina de Alba de Tormes. Allí podemos contemplar su momia con perdón mutilada. Muerto Franco parece ser que la reliquia fue devuelta a su legítima muerta. A este pueblo llegó el Papa Clemente, acompañado de sus monjes. Organizó tal escándalo injuriando a la monja mística que tuvo que huir vejado y apaleado del lugar.

Yo he tenido en mis manos, como si de un “hamlet" se tratase la calavera del Papa Luna. Residía tan ilustre vestigio en Peñíscola. Los herederos directos, hijos del Conde de Algete, jugaron desde niños con tal descarnada cabeza. Parece ser que terminó en un museo.

Suecia se enorgullece de su pasado. Y la carismática princesa, luego reina Cristina, tiene en Estocolmo su enterramiento. La autenticidad de la inquilina de tan historiada tumba todavía se pone en duda. La reliquia más importante de la romántica reina, enamorada del embajador español, toma cuerpo en la interpretación de su paisana Greta Garbo.

La búsqueda de los huesos perdidos tiene protagonistas famosos y numerosos. En otra ocasión continuaremos con esta historia. Y en fechas festivas para Madrid nos conformaríamos con encontrar los huesos mortales de San Isidro, e incluso de sus bueyes, que lo aligeraron del trabajo de hacer surcos y sembrar el campo.
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