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Artur Mas en el país de las maravillas

sábado 05 de abril de 2014, 02:55h
El secesionismo catalán no ceja en su irracional carrera -en la que brilla por su ausencia el tan cacareado seny- , sino que cada día avanza un paso más. Ahora, en un acto que se celebró con la máxima fastuosidad, Convergència i Uniò (CiU) ha acogido amorosamente en su seno a Reagrupament, un partido escindido de Esquerra Republicana (ER), rebasando a esta formación en sus ansías secesionistas. Reagrupament hace gala con absoluta claridad de un total radicalismo y al abandonar ER manifestó que lo hacían porque no luchaban con bastante fuerza a favor de la independencia. Así, Reagrupament no aboga por el llamado falazmente “derecho a decidir”, sino que propone directamente que se lleve a cabo una secesión unilateral de Cataluña.

En el acto de hermanamiento, donde estuvo la plana mayor de CiU y hasta el expresidente de la Generalidad Jordi Pujol, Artur Mas no desaprovechó la ocasión para volver a entonar por enésima vez la cantinela secesionista y desgranar ese mundo de “Artur Mas en el país de las maravillas” en el que se convertiría Cataluña una vez alejada de lo que para el nacionalismo es su perversa y nefasta atadura con España. Ante la obcecación de Mas parece que de nada valen las muchas advertencias que se le vienen haciendo desde distintos ámbitos y organismos, tanto de dentro como de fuera de nuestras fronteras, y que chocan frontalmente con ese país de Jauja que los nacionalistas quieren vender a los catalanes. La realidad, sin embargo, es muy otra y muchos son los ejemplos que al respecto podrían aducirse. No es progreso, prosperidad y riqueza lo que proporcionaría la secesión, sino todo lo contrario. Baste recordar aquí, por ejemplo, lo que sucedió en Canadá cuando se planteó el referéndum sobre la separación de Quebec y que se llevó a cabo, pues su ordenamiento constitucional lo permitía, cosa que no es así en España, habiéndole dicho a Artur Mas por activa y por pasiva que la consulta que propone es taxativamente anticonstitucional. Al plantearse el referéndum en Canadá huyeron las inversiones del país y luego, una vez que el resultado fue negativo para la independencia, fueron volviendo pero –y léase lo que sigue como la prueba del 9- no a Quebec, pues parece no haberse olvidado sus intenciones separatistas, aun después del resultado del referéndum.

Según todos los estudios, una supuesta secesión de Cataluña produciría de inmediato una fuga de capital y de empresas, una caída del PIB en torno a un 20 % e incluso un posible “corralito”. A este panorama de “progreso” es al que está arrastrando el presidente de la Generalidad a sus conciudadanos. No obstante, nada parece hacer reflexionar a Artur Mas para que desista de su errado e insensato camino. Ni siquiera parece capaz de comprender que desde Leibniz se sabe que un determinado movimiento reordena todos los factores en juego. De modo tal que la lógica y la realidad de las cosas no funcionan como piensan los nacionalistas. Al contrario, nada ni nadie se queda quieto: las cosas y las gentes reubican sus posiciones en función de la nueva situación provocada por la acción de uno de los elementos principales en el tablero. De hecho, solo ya con la incertidumbre del órdago soberanista se está apostando por la deslocalización. Muchos empresarios le han expresado con contundencia y claridad a Artur Mas su rechazo de la hoja de ruta secesionista. Una hoja que no conduce ni por asomo a ese “Artur Mas en el país de las maravillas”.
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