www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El mito de Al-Andalus

sábado 12 de abril de 2014, 19:41h
No sin razón se ha apelado desde siempre a la necesidad del Mito en el decurso histórico de la especie humana. El Mito -o, sea, los mitos en la tradición hindú o grecolatina- palía la congoja existencial, reconforta el ánimo abatido e infunde aliento, como, a su manera, funcionan la magia o el cientifismo.

Michael Witzel, en su reciente obra The Origins of the World’s Mythologies (Oxford University Press, 2013), nos ha puesto de relieve últimamente la longitud inconmensurable de los dos géneros principales -quizás los únicos- de los Mitos: un venero de sustancia atemporal, aunque permanente; y otro, de tónica temporal, que lleva de la mano a la finitud final. Según Witzel, ambos se remontan a una génesis calculable en algo más de veinte mil años; escala cronológica que causa, en puridad, un cierto estremecimiento silencioso.

En rigor, los primeros homo sapiens (africanos) ya tuvieron acceso a percepciones rudimentarias, pero válidas, no solo de la mágica simpática, sino también de los mitos salvavidas, fuesen la “rama dorada” del mundo celta o el ubicuo totemismo.

De entre los mitos fundacionales generados por la Mitología de la Grecia Antigua, destaca, por cima de otros, el heracliteo; o sea, el relacionado con Heracles (Hércules en el legado de Roma), e indirectamente con sus coetáneos -además de antagonistas-, la religión y cultura de raigambre judeocristiana.

Heracles, el Hércules, de los esforzados trabajos, fue, según Homero, vencedor en su pugna con el cancerbero del submundo pagano, concebido como infierno por los semitas. La leyenda que ha transportado este mito, hizo de Hércules héroe y dios fundador de nuevos horizontes terráqueos, apercibidos al oeste del epicentro grecorromano de la Antigüedad. La capacidad luchadora de Heracles le habría impulsado hacia el poniente del mar entre-tierras (Media Terrae ), hasta alcanzar las aguas de un océano ignoto.

Fue así como Hércules dejaría la huella columnaria de sus esfuerzos en un estrecho marítimo. La huella constructiva se llamaría precisamente “Columnas de Hércules”, héroe convocado por el destino a interpretar un protagonismo histórico egregio. Occidente, el legado de Tartessos, el Estrecho columnario, el emporio fenicio de Gádir, el Gades y la Bética romanos, el paso de los vándalos, la herencia visigoda y, finalmente, Al-Andalus constituyen las más notorias secuencias históricas de la polimorfa Andalucía. En breve, El Mito de Al Ándalus. Orígenes y actualidad de una idea cultural (Almuzara, 2014), como ha titulado el profesor González Alcantud su última obra.

Si se recorren las cientos de páginas de este volumen (impreso, a propósito, en caja y con tipo de letra cómodo y legible respectivamente), el lector orientalista, el arabista, el historiador y el antropólogo consuetudinarios tendrán la oportunidad de contar con un compañero de viaje que les suscitará el recuerdo de una saga cultural compleja, no por fuerza siempre conflictiva; aunque, sí con frecuencia, contradictoria. Es decir, que nutre el mito de Al-Andalus desde su protohistoria, en cuanto vía de paso intercontinental, hasta alcanzar la fecha fundacional del año 711, cuando un desembarco insólito (Sánchez Albornoz dixit ) hizo que el suelo luso-hispánico, ibérico, deviniera predecesor sinónimo de los futuros reinos de Portugal y España. Y no solo en 711, sino en el devenir de Occidente, Al-Andalus fue siempre un referente topográfico que la mediterraneidad ha ungido como Paraíso Terrenal. Especialmente en la lengua y la literatura de la arabidad medieval y moderna, mientras que el mudejarismo, los moriscos y las juderías hispalenses expulsos entonaron una quejumbre nostálgica por su pérdida, todavía hoy viva.

En el itinerario del ensayo de altos vuelos a que nos hemos referido antes, Alcantud nos introduce en el dédalo del orientalismo y andalucismo europeo, e incluso del hispano. Recuérdese, si no, la apelación de Américo Castro al Islam interior y a su presunta huella en la constitución de España. El autor, como todo autor de bagaje sólido, fue consciente, desde un principio, de que, a la versión de un Al-Andalus “ bueno” y “paradisiaco”, se sumaría, en tiempos de modernidad militante, un constructo multicultural armonioso, encarnador de ensueños de estirpe alhambrista y de evasivas aspiraciones de maurófilos románticos. Es decir, de una idealización mítica de Al-Andalus en cuanto paraíso perdido; proceso que ha terminado por agotar precisamente algunas plusvalías de su explotación cultural. Lo que, en alguna medida, puede explicar reacciones hostiles -cuando no exabruptas- como la de Serafín Fanjul en su obra Al-Andalus contra España. La forja del Mito
(Siglo XXI de España editores, 2000).

Alcantud se ha visto obligado por imperativo de oficio a introducir, en más de un capítulo, la figura y obra de Edward Said, siquiera sea para abrir acotaciones críticas a la más debatida de las obras del profesor palestino-americano, cuya aproximación al tema del Orientalismo (sub-especie saidista, claro) posee más aplicabilidad al ejercicio imperial del tándem franco-británico que al mítico Al-Andalus de que trata la última obra del intelectual granadino.

En algún que otro ensayo menor, incluido dentro del gran Ensayo que resulta ser en su conjunto editorial El Mito de Al Ándalus , el autor no se sustrae a la tentación de abordar el asunto de la Primavera Árabe, con alusiones explícitas a Túnez, Marruecos y Egipto. No puedo hacer mías las palabras de tan destacado colega y viejo amigo, en tanto en cuanto soy de los que piensan que una inclinación empática nunca debe sustituir eso que los viejos positivistas llamaban la contemplación objetivadora; en este caso de un proceso de arruinamiento de opciones esperanzadoras como las vislumbradas en el norte de África a lo largo de 2011. En Norte de África. Rebeliones sociales y opciones políticas (Madrid: Diwan-Mayrit, 2012) mi esfuerzo de distanciamiento observador de la Primavera Árabe me permitió no sufrir el “engatusamiento” temático al que queda expuesto con frecuencia el especialista simpatizante de un enfoque, y no otro.

No obstante ello, y de alguna que otra observación a escala menor que aquí no hace al caso explicitar, vemos cómo González Alcantud vuelve al ruedo ibérico con su “Mito” bajo el brazo, haciendo, una vez más, un despliegue erudito de su poliédrica personalidad intelectual.

En el fondo, y al final, el Mito, los mitos -y el andaluz-andalusí, concretamente- continúan cabalgando. La controversia de altura permanece abierta afortunadamente, aunque algún que otro autor tienda más al ladrido categórico que al discurso complejo que exige un palimpsesto tan denso como es el que se ha propuesto analizar González Alcantud.

La obra que aquí comento no debe dejar de leerse por las legiones -decenas, centenas- de gentes que todavía creen en la necesidad de conocer la historia de los Mitos, sus adaptaciones y reediciones. El herculano, muy en concreto, y más aún por tratarse de uno de aquellos que forma parte de la realidad histórica de España, salvadas todas las repetidas hipertrofias en que incurren maurófobos y maurófilos hispanos.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

1 comentarios