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Comida para todos

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 12 de abril de 2014, 20:00h
Hace unas semanas, escribía sobre una acción xenófoba del llamado Hogar Patriota María Luisa Navarro, la ONG de España 2000, el partido de extrema derecha que predica por igual el rechazo de los extranjeros y el de los musulmanes. Recordarán que se trataba de un reparto de comida sólo para españoles en el barrio valenciano de Orriols. Se trataba de una evidente discriminación contra los extranjeros.
Pues bien, hace apenas unos días el Centro Cultural Islámico de Valencia hizo un reparto de comida en los distritos de Benimaclet, Torrefiel y Mestalla. En este caso, ellos dieron comida a todo el mundo que la necesitaba sin distinguir entre religiones o nacionalidades. Deberíamos hablar más de esta gente que se esfuerza por humanizar nuestra sociedad. Son empeños como estos los que mantienen la cohesión y fortalecen la convivencia y hay que hablar de ellos porque son la prueba de que se puede obrar de otra manera. Hay que contar estas noticias porque son las que rescatan la condición humana.

Sin embargo, las señales de alarma son innegables. Cada vez leemos más noticias seleccionadas para estigmatizar a un colectivo por su religión –es el caso de los musulmanes- o por su nacionalidad, como sucede con los extranjeros. En España, hay sitios web que solo publican noticias sobre el Islam o los musulmanes cuando se refieren a episodios de violencia o a crímenes abominables. Jamás dan información sobre Afganistán, Irak o cualquier otro país islámico, salvo que se trate de episodios de brutalidad en sus más variadas formas. El doble rasero y la estigmatización son evidentes. Al Islam solo se lo asocia con la barbarie y solo sobre esto se informa. So pretexto de difundir información veraz- esto último verdaderamente discutible- se está incitando al odio contra los musulmanes. La libertad de expresión es un derecho fundamental que se está utilizando para socavar los fundamentos mismos de la democracia.

Por otra parte, los ejemplos de Francia, Hungría y Grecia no permiten ni pronósticos optimistas ni falsas confianzas. La extrema derecha resurge en Europa y con ella lo peor de la historia del continente: el racismo, la xenofobia, la violencia. Esta semana conocíamos que el Frente Nacional de Marine Le Pen quiere suprimir los menús halal en los colegios. Por supuesto, no lo dicen así. Lo presentan como una iniciativa a favor de la laicidad pero, en realidad, su problema es con los musulmanes. Jamás defendieron la laicidad cuando se trataba de afirmar la identidad nacional de Francia vinculándola con la religión y sus símbolos. La ambigüedad de la extrema derecha francesa en episodios como la colaboración y el régimen de Vichy o la guerra de Argelia y las torturas sólo confirman que ha cambiado el rostro del Frente pero no sus principios inspiradores.

El término “laicidad” tiene muchos sentidos, pero ninguno de ellos justifica la discriminación contra el islam ni contra ninguna otra religión. En realidad, se trata de que todas las personas que lo deseen puedan vivir su religión –sea ésta cual sea- dentro de los límites que la ley marca para todos. Así, invocar la laicidad para eliminar el Islam de la vida pública es un sofisma que pretende esconder la discriminación contra los musulmanes.
En Europa lo vemos cada cierto tiempo. Sean las campañas contra los alminares, los repartos de sopa con cerdo –que no podrán tomar ni judíos ni musulmanes- o las invocaciones de la identidad de Europa sesgada y limitada solo a algunos de sus aspectos, en toda Europa vamos viendo signos cada vez más preocupantes del odio contra los musulmanes.

Hay una asociación aún más perversa. La que identifica a los musulmanes con los extranjeros. Con esto se rompen dos principios fundamentales de las democracias modernas. El primero es la categoría de ciudadano identificado con un sujeto dotado de una dignidad y, por lo tanto, de unos derechos, que tiene por el solo hecho de existir, es decir, al margen de consideraciones religiosas o políticas. El segundo es el de derecho humano entendido como aquel que todos poseemos sin distinción alguna de nacionalidad ni de ninguna otra clase. Una persona puede escoger libremente la religión que desee sin que ello ponga en cuestión sus derechos en una comunidad política (ciudadanía), precisamente porque la libertad religiosa es una de las dimensiones de los derechos humanos.

Cada vez que le digan que si los musulmanes en España quieren libertad deben hacer lo mismo en los países islámicos, desconfíen. Un español o un extranjero en España tienen derecho a la libertad religiosa con independencia de ninguna otra consideración política internacional. Lo mismo cabe decir de las manidas referencias a “los musulmanes y los españoles” como si todos los musulmanes fuesen extranjeros o como si el Islam fuese identificativo de la extranjería de una persona con independencia de su nacionalidad.

En esta ocasión, el Centro Cultural Islámico de Valencia ha dado una lección de humanidad, solidaridad y civismo a toda España. Sin embargo, me preocupan cada vez más los silencios de algunos políticos –especialmente, cuando tienen responsabilidades de gobierno- ante acciones como la de España 2000.

Esos silencios son muy inquietantes.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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