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60 años de la creación de Israel

De la diáspora a la primera guerra árabe israelí

miércoles 14 de mayo de 2008, 03:39h
Las raíces del conflicto árabe-israelí son tan profundas como antiguas. Desde que huyera de Palestina en 1600 a.C. (cuando llegó Abraham desde Mesopotamia), el pueblo judío no abandonó sus aspiraciones de regresar a la tierra prometida.

La diáspora judía fue el exilio de la tierra de Israel de centenares de miles de personas a todo el mundo. Debido a su situación geográfica, durante siglos, la tierra que habitaban los hebreos sufrió diversas invasiones por su interés estratégico. Durante estas violentas conquistas, muchos hebreos fueron deportados, otros fueron vendidos como esclavos y centenares de miles de personas huyeron a otros países. Como consecuencia de las diferentes diásporas judías a lo largo de la historia, la comunidad semita pasó a formar parte de las sociedades de África, Europa, América y también, de Asia.

No fue hasta finales del siglo XIX cuando la utopía tomó cuerpo con el nacimiento del sionismo gracias a la figura de Theodor Hertz, su "padre" fundador. La reivindicación sionista de un Estado judío estaba fundamentada en la inseguridad de la comunidad hebrea, perseguida y castigada constantemente. La necesidad de un lugar donde los judíos pudieran sentirse seguros. El motivo por el cual se escogió Palestina para establecer su propio Estado, tras desechar otras posibilidades como Argentina o Uganda, fue, como no podía ser de otra forma, religioso. Palestina era, y es, la tierra prometida. El reino de Israel ya había existido en aquel lugar.

Durante la I Guerra Mundial, Francia y Gran Bretaña firmaron el acuerdo Sykes Picot, por el que se repartieron la región y Palestina quedó bajo el control del Imperio Británico, traicionando de este modo las promesas de emancipación a los árabes a cambio de su participación en la lucha contra el Imperio Turco Otomano.

En 1917, Lord Balfour, ministro británico de Asuntos Exteriores, envió una carta al barón Edmond de Rotschild, líder del movimiento sionista, en la que le transmitió el beneplácito de su Gobierno a la pretensión de fundar un hogar nacional judío en Palestina.

A partir de 1919, se fraguó el enfrentamiento entre la comunidad judía y el pueblo árabe de Palestina por la avalancha migratoria hebrea procedente de todo el mundo y la desigualdad entre su economía de subsistencia y el poder económico de los recién llegados.

La creciente tensión dió paso a las rebeliones y, éstas, a los actos terroristas. Los procesos de independencia del resto del Imperio Británico acentuaron las aspiraciones de unos y otros, que veían como Palestina era el único territorio del antiguo imperio sin emancipar. En un intento desesperado por controlar la situación, Londres ilegalizó la inmigración judía.

La historia dio la razón a Hertz. No había un país en el mundo lo suficientemente seguro para la comunidad hebrea. Por este motivo, millones de judíos se refugiaron en Tierra Santa al estallar la II Guerra Mundial. El problema, lejos de atenuarse, se volvió incontrolable en los momentos finales de la contienda y la Gran Bretaña imperial delegó el problema a las Naciones Unidas. El 29 de noviembre de 1947, la ONU acordó la partición de Palestina en un estado judío y otro árabe, y la ciudad de Jerusalén quedó bajo administración internacional.

El 14 de mayo 1948, justo antes de concluir el mandato británico y de comenzar el repliegue de tropas, el jefe del Gobierno provisional, David Ben Gurión, proclamó el Estado de Israel y millones de palestinos se vieron forzados al éxodo. La ola de refugiados palestinos y el malestar árabe por la creación del Estado judío desencadenó la primera de las guerras entre los países árabes e Israel.

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