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El rey entrega el premio cervantes a la escritora y periodista mexicana

Elena Poniatowska: "Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos"

miércoles 23 de abril de 2014, 12:27h
La escritora y periodista mexicana Elena Poniatowska ha recibido este miércoles de manos del Rey el Premio Cervantes, convirtiéndose en la cuarta mujer galardonada con este prestigioso reconocimiento literario. En su discurso, con el foco puesto en América Latina, Poniatowska ha recordado al recién fallecido Gabriel García Márquez, y se ha declarado orgullosa de "caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos".


La escritora mexicana Elena Poniatowska agradeció este miércoles el Premio Cervantes con un discurso de marcado carácter social en el que ha tenido muy presente a los perdedores de América Latina y ha recordado al gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, fallecido el pasado jueves.

Según ha destacado, "ningún acontecimiento" en su vida profesional ha sido "tan importante" como este premio que un jurado otorga a una "Sancho panza femenina" que "no es Teresa Panza ni Dulcinea del Toboso", ni tampoco "la princesa Micomicona que tanto le gustaba a Carlos Fuentes".

PIE DE FOTOElla, en cambio, ha precisado, es "una escritora que no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen en la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan". "Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos", ha asegurado.

Poniatowska ha iniciado su discurso con un especial recuerdo al fallecido escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien "con sus 100 años de soledad le dio alas a América Latina". "Y ese gran vuelo es el que hoy nos levanta y hace que nos crezcan flores en la cabeza", ha dicho.

La escritora y periodista citó también en su discurso a otro excelente escritor fallecido recientemente, el mexicano José Emilio Pacheco, ese amigo que le hablaba de "la inmensa vida de México", y al premio nobel Octavio Paz.

Rodeada de sus tres hijos y de siete de sus nietos y vestida con el traje "rojo chillón y amarillo" que le regalaron las mujeres de Juchitán (Oaxaca, México) para que se lo pusiera en ocasiones solemnes como la de este miércoles, la escritora recordó al principio de su intervención a las otras tres escritoras que han ganado el Cervantes.

La española María Zambrano fue la primera en recibirlo y es muy querida en México, porque vivió allí tras la Guerra Civil española. El exilio fue para ella "una herida sin cura, pero ella fue una exiliada de todo menos de su escritura".

La segunda fue la cubana Dulce María Loynaz, amiga de García Lorca y que hospedó en su finca de La Habana a Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez. Y la tercera, la novelista española Ana María Matute, "hermosa y descreída" y con la que Poniatowska sintió "afinidad con su obsesión por la infancia y su imaginario riquísimo y feroz".

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Estas escritoras, "zarandeadas por sus circunstancias -dijo-, no tuvieron santo a quien encomendarse y, sin embargo, hoy por hoy, son las mujeres de Cervantes, al igual que Dulcinea del Toboso, Luscinda, Zoraida y Constanza. A diferencia de ellas, muchos dioses me han protegido, porque en México hay un dios bajo cada piedra, un dios para la lluvia, otro para la fertilidad, otro para la muerte".

Nacida en París en 1932, sus referencias a México, el país en el que vive desde los diez años y al que ha dedicado su extensa obra, fueron constantes en el discurso, en el que quedó patente la gran humanidad de esta mujer menuda y de cara expresiva y agradable, que siempre se ha sentido muy cerca de los más desfavorecidos.

El idioma fue "la llave" para entrar en ese "enorme país temible y secreto llamado México", y en el mundo indio. "¿Cómo iba yo a transitar de la palabra París a la palabra Parangaricutirimicuaro? Me gustó poder pronunciar Xochitlquetzal, Nezahualcoyótl o Cuauhtémoc y me pregunté si los conquistadores se habían dado cuenta de quiénes eran sus conquistados".

Y la llave para "abrir a México" se la dieron "los mexicanos que andan en la calle", personajes de los años cincuenta como el cartero, el afilador de cuchillos o el vendedor de camotes, "semejantes a los que don Quijote y su fiel escudero encuentran en su camino".

Poniatowska ha recibido el Cervantes de manos del Rey, en la solemne ceremonia en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares y que ha comenzado poco después del mediodía. La entrega del Cervantes constituye uno de los actos centrales del Día del Libro, en el que se conmemora la muerte de Cervantes y de Shakespeare.

Tras dos años en los que no pudo acudir a este acto por motivos de salud, el Rey ha podido en esta ocasión presidir la ceremonia, acompañado por la Reina y por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert; el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle; y el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.

Tras la lectura del acta del jurado por parte de la directora general de Industrias Culturales y del Libro, María Teresa Lizaranzu, don Juan Carlos le ha entregado el premio a Poniatowska. A la ceremonia asisten también el director de la Real Academia Española y presidente del jurado del Cervantes, José Manuel Blecua; y la directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos.

La entrega del Cervantes cuenta además con la asistencia de numerosos escritores como Soledad Puértolas, Clara Janés, Rosa Montero y autores mexicanos como Gonzalo Celorio, Guadalupe Loaeza y Marta Lamas.

Poniatowska se convirtió el pasado mes de noviembre en la cuarta mujer en ganar el Premio Cervantes, que mereció por su "brillante" trayectoria literaria y una dedicación "ejemplar" al periodismo, siempre desde un "firme compromiso con la historia contemporánea".

De padre francés y madre mexicana, la escritora y periodista es autora de más de 40 libros entre ensayos, novelas, cuentos y testimonios traducidos a más de 20 idiomas, de los que destaca "Hasta no verte, Jesús mío", "La matanza de Tlatelolco" o "La piel del cielo".

La escritora asiste a la ceremonia acompañada por sus hijos Emmanuel, Felipe y Paula y por siete de sus nietos.
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