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Otra derrota para Obama

miércoles 14 de mayo de 2008, 20:17h
El triunfo de Hillary Clinton en Virginia Oeste la noche del martes prueba el caos electoral en el que sigue sumido el Partido Demócrata en estas primarias. Que Obama iba a perder en ese estado era algo ya esperado, incluso por el amplio margen dado que ha alcanzado los más de cuarenta puntos porcentuales. Se trata de otra derrota para Obama, igual que la que se cuece ya en la primaria de Kentucky el próximo martes. Aun así, Obama tiene casi asegurada la nominación Demócrata por la ventaja acumulada, en parte lograda gracias a los errores pasados de la Clinton y, sobre todo, gracias a la agitación y propaganda mediática enarbolada en favor de su candidatura en estos meses. A todo eso se ha unido también la amplia maquinaria de maquillaje puesta en escena para aupar a un candidato de color como Obama, con más que dudosas credenciales para alcanzar la presidencia. Pero ahí está.

El destino mesiánico dispuesto teatralmente en torno al novato senador Obama se apoya en una vaguedad utópica calificada como “cambio” que, si bien podrá ser suficiente para alcanzar la nominación Demócrata en Denver el próximo agosto, no puede esconder los muchos problemas de cara a las generales. El primero de ellos radica en la imposibilidad de Obama por hacerse con los votos de la clase trabajadora norteamericana, y menos aún de las comunidades blancas, como reflejan las últimas primarias en la zona de los Apalaches. La excusa para ello, lanzada por varios grupos mediáticos favorables a Obama, se apoya en la supuesta condición poco letrada de dichos votantes sureños, en otro insulto más sólo permisible a los obamitas de turno, aunque jamás al resto.

La Clinton -como millones de votantes- sabe bien que ella está mejor preparada que Obama para afrontar las generales y que la imposibilidad de Obama para ganar votos tradicionalmente Demócratas resulta más que peligrosa para su partido de cara a noviembre. Pero la demagogia de Obama y la urgencia de la izquierda norteamericana por ubicarlo en la Casa Blanca están ganando la batalla en el seno del Partido Demócrata. Cuando la Clinton hizo mención a la cuestión del voto blanco hace unos días, los cazafantasmas mediáticos de Obama –que son casi todos en la progresía norteamericana- tardaron muy poco en saltar a la captura de la ex primera dama. Pero más allá de esas batallas raciales -y racistas-, típicas de los Demócratas como herencia de su pasado segregacionista, la verdad es que Obama es incapaz de ganar votos en un estado como Virginia Oeste. Y lo que ocurre es que estados como éste resultan claves para las presidenciales de noviembre, al igual que otros estados –Florida, por ejemplo- donde Obama perdió también ante la Clinton.

La prueba de esa incapacidad por parte de Obama de generar dividendos electorales contundentes de cara al próximo 4 de noviembre es que el mismo día de estas primarias en Virginia Oeste, y a sólo una semana de las de Kentucky, Obama suspendió un acto en Lexington (Kentucky) y se fue al pueblito de Cape Girardeau (Missouri) para llamar la atención mediática e intentar disimular el desastre que se le venía encima esa noche de martes de primarias. Cape Girardeau es el lugar de nacimiento del comentarista radiofónico más famoso de Estados Unidos: Rush Limbaugh, un conservador que pone cada día en evidencia la farsa de corsé y etiqueta llamada Barack Obama. La táctica de despiste de la campaña de éste, sin embargo, no ha podido esconder del todo su grave derrota, aparte de que no ha funcionado por dos razones: porque Obama ha perdido escandalosamente en Virginia Oeste y porque es más que dudoso que de Cape Girardeau–arraigadamente conservador- el mágico senador haya podido obtener simpatía o voto alguno.

A menos de tres semanas para el fin de las primarias, en fin, Obama tiene casi matemáticamente ganada la nominación, pero la paliza recibida en Virginia Oeste, como antes en otros estados claves, verifican la debilidad de su candidatura, pese a lo que los medios quieran contar. La Clinton intentará poner de nuevo en juego los estados de Florida y Michigan, pero su barca –pese a la gran victoria de Virginia Oeste- parece varada entre las arenas de las envidias y traiciones del Partido Demócrata. Ante estos resultados, el auténtico ganador de la noche del martes ha sido John McCain que, sin hacer nada, contempla cómo sus dos oponentes son incapaces de dar la estocada final a estas primarias. Lo malo para los Republicanos, y para McCain, sin embargo, es que en pocos meses son ya tres las plazas donde habitualmente ganaban sus congresistas que han pasado ya a manos de los Demócratas en elecciones especiales. Y esa es una mala señal para noviembre, gane quien gane al final la presidencia.

Alberto Acereda

Catedrático en la Universidad Estatal de Arizona

ALBERTO ACEREDA es catedrático universitario en Estados Unidos y miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Es director del periódico de opinion “Diario de América” y colabora en diarios como "Libertad Digital", "Abc", "La Nación", "American Thinker" y en grupos como el GEES y el Goldwater Institute

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