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feria de san isidro

Digna confirmación de Galán en el celebrado regreso de Ponce a Las Ventas

viernes 16 de mayo de 2014, 08:54h
David Galán confirmó con dignidad hoy su alternativa en Las Ventas, aunque sin llegar a redondear el triunfo por falta seguridad en él mismo, en una tarde en la que volvía Enrique Ponce a Madrid, regreso celebrado por los tendidos sobre todo en su segunda faena, de más fogonazos que rotunda.
Cinco toros de Victoriano del Río y uno -el quinto- de Toros de Cortés, desiguales de presentación y de juego también variado. El primero tuvo mucha calidad aunque pocas fuerzas; flojo y apagado el segundo; sin fuelle el tercero; con brío aunque a menos el cuarto; manejable hasta que se rajó el quinto; y con clase aunque apagándose el sexto.

Enrique Ponce: pinchazo, otro hondo y descabello (silencio); y pinchazo, estocada desprendida y tres descabellos (ovación tras aviso).

Sebastián Castella: casi entera caída y atravesada (silencio); y estocada (silencio).

David Galán, que confirmaba alternativa: estocada baja y nueve descabellos (silencio); y pinchazo y casi entera (ovación tras aviso).

Al finalizar el paseíllo, Enrique Ponce saludó una gran ovación por su regreso a Las Ventas después de cinco años.

En cuadrillas, David Adalid saludó tras banderillear al quinto.

La plaza tuvo el primer lleno de "no hay billetes" en tarde primaveral.

Respondió este jueves aquello de "tarde de expectación, tarde de decepción". No fue la corrida que se esperaba de Victoriano del Río, y los toreros, unos más y otros menos, tampoco resolvieron debidamente: Ponce gustó aunque con intermitencias, Castella fue una triste sombra de lo que fue, y el confirmante Galán anduvo digno aunque sin acabar aprovechar del todo el mejor lote.

Lo más positivo fue ver la plaza de Las Ventas abarrotada hasta la bandera por primera vez en la Feria, con el cartel de "no hay billetes" colgado en las taquillas.

Ponce regresaba a Madrid tras cinco años de ausencia, y su presencia se hizo notar nada más salir por chiqueros su primero, con el que protagonizó el mejor toreo de capote de lo que va de feria.

La faena de muleta estuvo presidida por la suavidad y la paciencia en la cara de un toro medido de fuerzas, que acabaría también apagándose. Ponce estuvo asimismo ligerito y despegado, dejándose tropezar también demasiado, por lo que aquello no pasó de discreto.

La faena al cuarto, aunque subió enteros, tuvo también algunas desigualdades. Ponce alternó momentos estéticos y elegantes, sobre todo en los adornos y cambios de mano, de extraordinaria ejecución, con otros más livianos en el toreo fundamental.

Lo bueno que tiene el de Chiva es esa plasticidad innata a la hora de interpretar su toreo, y lo bien que lo vende; pues logró conectar con la gente, que jaleó una tanda sobre la diestra ya en los últimos compases de cierto desmayo. Pero la verdad fue que a su quehacer le faltó limpieza, ajuste y, sobre todo, mejor rúbrica con los aceros.

La emotividad en la primera actuación de David Galán estuvo en el brindis al cielo, a padre Antonio José Galán, cuya estirpe torera sigue viva en su hijo que, por momentos, aromatizó la faena con enjundiosos pasajes en el toreo por a derechas, de exquisito temple y extraordinaria largura.

Lástima que lo que viniera a continuación no tuviera continuidad, pues el toro, con calidad y buen son, adoleció escasa fortaleza; aunque tampoco Galán acabó de creerse la gran oportunidad que tenía en sus manos. Y lo que pareció por un instante un triunfo en ciernes, al final acabó en nada, también por lo mucho que se atascó con el descabello.

Y algo parecido pasó en el que cerró plaza, toro bueno y con motor, aunque acabara también perdiendo fuelle al final, con el que Galán instrumentó un buen primer tramo de faena por lo largo y encajado que toreó. Pero al cambiar la muleta de mano la faena empezó a decaer hasta tal punto que ya fue imposible remontar.

En el haber de Galán hay que anotarle lo dispuesto que estuvo, y el buen sabor que dejó en algunos momentos, pero con los dos toros que le correspondieron en suerte tuvo que haber estado más metido y confiado.

El primero de Castella no tuvo ni presencia ni esencia, un toro escurrido, muy poquita cosa, y que apenas aportó nada por lo flojo e insulso que fue. Pero no solo falló aquí el astado, pues Castella, sin ánimo y frío como un témpano, pecó también de mecánico y desajustado. Igual de desangelado estuvo en el quinto, con la diferencia de que este toro tuvo más fondo hasta que "se rajó". Castella llevó a cabo una faena de pases y más pases sin decir absolutamente nada. Labor, por tanto, vulgar y sin sustancia.
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