www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Periodismo y política

viernes 16 de mayo de 2014, 19:55h
Una de las rarezas de la vida cultural de España –país del que nunca conviene olvidar la observación del Duque de Wellington, el vencedor de Napoleón, “en el que nunca dos y dos no son cuatro…”- estriba en que la hegemonía aplastante, en los medios de comunicación y, en general, en la difusión de las ideas, del pensamiento y la sensibilidad “progresistas” se quiebra al llegar al cénit de la vida periodística, representada o encarnada tradicionalmente en los grandes articulistas y, más recientemente, en sus columnistas más prestigiosos. En un muy elevado número de ejemplos, los escritores periodísticos de rango superior o sobresaliente fueron en toda nuestra edad contemporánea de mentalidad o doctrina conservadora o liberal-conservadora, al paso que en los situados en el vasto campo de la notabilidad predominó sin rival la ideología avanzada.

Tan curioso fenómeno –de muy largo alcance en nuestra esplendente literatura y hondas raíces en su cultivo- contribuye a explicar en los dos últimos siglos algunas de sus claves más enigmáticas y, a las veces, paradójicas. La hodierna, la protagonizada por las actuales generaciones conturbadas por el futuro inmediato de su nación, se acomoda también a dicha pauta. En conjunto, las plumas más renombradas de un presente remecido de fond en comble por la amenazante independencia de la región española más adelantada en todos los planos de su existencia colectiva no ocultan su rechazo a la secesión del Principado, con el aplauso –en ocasiones, con el agradecimiento- de una opinión pública desasistida en tan crucial extremo por sus guías habituales. Contestes estos, igualmente en términos globales, con sus adversarios en el repudio a las posiciones del catalanismo radical, optan, sin embargo, de ordinario, por un perfil bajo o por la simple y franca elusión para evitar deslizarse por posturas que podrían con facilidad poner en cuestión sus dogmas más preciados.

Conforme se recordará, ha unos años, en la pleamar del terrorismo vasco, un muy popular líder del PNV, acuñador impenitente de titulares para la prensa, se refería a la madrileña como la división acorazada –la tristemente célebre “Brunete”, comandada durante varios años por Jaime Milans del Bosch- de los gobiernos españoles en la construcción del discurso, según él, anti-euskadiano, debeladora de todas las propuestas de la identidad española basadas en un ideario anti-centralista. La expresión halló un gran eco mediático y se extendió con posterioridad a gran parte de las actitudes mantenidas por los diarios conservadores de la antigua Villa y Corte en punto a otros debates de impacto nacional.

En una sociedad tan fragmentada y, en líneas generales, refractaria al discurso de corte tradicional a la hora de posicionarse frente a los principios esenciales de la convivencia, el predicamento atribuido por enemigos y adversarios a las tesis conservadoras y “reaccionarias” sólo cabe verlo a la luz antedicha de la excelencia literaria y fuerza argumental de las “firmas” periodísticas más cotizadas, cuyo magisterio es universalmente aceptado, hecho igualmente muy insólito en el mapa de la cultura y la política españolas. Hubo un tiempo, no lejano, en el que se hablaba por doquier del “Parlamento del papel”, en el que la prensa hizo de sucedáneo de unas inexistentes Cámaras legisladoras. Pese a la encomiable labor desplegada desde abrillantadas tribunas periodísticas, la nostalgia –y la necesidad…- de unas Cortes democráticas no amenguaron, sino, paradójicamente, se acrecentaron. En unas circunstancias incomparablemente más venturosas, la literatura tampoco puede suplantar a la acción política. Frente al tancredismo gubernamental en el contencioso catalán y el huero retoricismo parlamentario de las dos grandes fuerzas políticas en la búsqueda ardua de caminos de solución, la prensa puede aportar imprescindibles elementos de juicio para el diálogo y el muy deseable entendimiento entre una gran región que se siente incomprendida y una gran patria dislacerada en sus esencias, muy constatables en los anales de la historia. Pero los campos respectivos del pensamiento y la acción no son y no serán nunca intercambiables.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.