Análisis de la campaña europea (II): la batalla entre grandes, medianos y pequeños
viernes 16 de mayo de 2014, 19:58h
Ha pasado ya la mitad de la campaña y los candidatos han tenido la oportunidad de foguearse en numerosos mítines ante unos ciudadanos cada vez más recelosos de los partidos políticos. En medio de ese distanciamiento entre gobernantes y gobernados, el PP y el PSOE luchan por quedar primeros para celebrar un triunfo simbólico, si no pírrico, ya que ambos pueden perder millones de votos respecto a las anteriores generales (2011) y europeas (2009).
A. Los candidatos:
Tanto Mariano Rajoy como Alfredo Pérez Rubalcaba se juegan parte de su futuro–más el segundo que el primero– y para ello han presentado a dos personas de su plena confianza, aunque no especialmente carismáticas. Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano dan la cara por sus jefes y sus resultados serán necesariamente compartidos por ellos, ya sea para ponerse la medalla de la victoria o bien para asumir la responsabilidad de la derrota.
Por tanto, los cabezas de lista del PP y del PSOE tendrán previsiblemente una menor importancia que en anteriores elecciones. Y tampoco parece probable que Willy Meyer (IU) o Francisco Sosa Wagner (UPyD) vayan a tener un peso superior al de las siglas que representan.
En cambio, el voto a los partidos recién creados sí dependerá decisivamente del protagonismo de sus candidatos. En algunos casos, por tratarse de dirigentes con una larga trayectoria política, como Alejo Vidal-Quadras (Vox), y en otros, por haber tenido una destacada presencia mediática en los últimos tiempos, como el profesor y tertuliano Pablo Iglesias (Podemos) o el juez Elpidio José Silva (Red).
B. La segmentación:
Todos aspiran a ocupar un escaño en el Parlamento Europeo y para ello deben tener en cuenta que el electorado no puede ser considerado como un bloque monolítico. Al igual que sucede en cualquier mercado, los diseñadores de una campaña necesitan entender que un partido y su candidato no pueden satisfacer a todos los electores en su conjunto. Es preciso segmentarlos, de tal forma que se consiga comunicar a cada grupo sobre el tema que más les interesa: el empleo, la educación, el aborto…
De cara a las elecciones del día 25, nos encontramos en primer lugar con una segmentación de tipo ideológico. A la derecha, el PP se enfrenta a una posible erosión de votos por la creación de Vox, aunque los sondeos no son demasiado optimistas respecto a las posibilidades de Vidal-Quadras de mantener su puesto como eurodiputado.
En la acera de enfrente, el PSOE recurre a la defensa de los derechos individuales frente al mensaje utópico de izquierda que representa IU. Entre estos dos partidos y los otros dos mencionados anteriormente se encuentran formaciones como UPyD y Ciudadanos, que aspiran a pescar votos de electores centristas o descontentos con los partidos más antiguos.
Otra posible segmentación se corresponde con el voto del cabreo. Siguiendo la clasificación establecida en los años 60 por V. O. Key Jr., los electores se dividen entre los standpatters, que siempre respaldan a un mismo partido o ideología; los switchers, descontentos por naturaleza y que cambian de opinión sistemáticamente en cada elección; y los independientes, que en cada campaña se plantean a quién apoyar según el candidato, los temas o motivos emocionales.
No hay duda de que los standpatters o votantes de piñón fijo son mayoría (50-70% del total), pero la actual desafección hacia los políticos puede hacer que muchos ciudadanos opten por abstenerse o votar en blanco o nulo.
La segmentación también puede producirse por motivos geográficos (unidad territorial ‘vs.’ soberanismo catalán), de sexo o de edad. Una reciente encuesta de Metroscopia señalaba que, si estas elecciones dependieran sólo de los jóvenes menores de 35 años, el PSOE ganaría con cierta comodidad y las demás formaciones de izquierda también lograrían buenos resultados.
C. Los escenarios:
Teniendo en cuenta estas variables, podemos anticipar distintos resultados más o menos probables. Pero el sentido común y los sondeos de las últimas semanas nos llevan a pensar, sobre todo, en dos posibles escenarios de salida:
– El bipartidismo se desploma. Hasta hace bien poco estábamos acostumbrados a que el PP y el PSOE siempre aglutinaran entre el 80% y el 85% de los votos. Así venía ocurriendo en todas las elecciones generales o europeas desde 2004, hasta que en 2011 los socialistas se hundieron y, como consecuencia, el bipartidismo tuvo que conformarse con el 73% de las papeletas.Sin embargo, los sondeos publicados por el CIS y por los principales periódicos señalan que los dos grandes partidos podrían quedarse esta vez en un 62-65%. Sería el resultado de perder conjuntamente 3 o 4 millones de votos respecto a las europeas de 2009, un gigantesco batacazo que dejaría margen suficiente para el crecimiento de IU, UPyD y algunos partidos pequeños.
– El bipartidismo aguanta. Las encuestas son tan pesimistas para el PP y el PSOE que cualquier repunte de última hora, por pequeño que sea, podría venderse como un éxito desde Génova o Ferraz. Esto sucedería si, por ejemplo, los dos grandes rondan el 70% de los votos y la suma de IU y UPyD no llega al 15%. Pero incluso un resultado como ese significaría que las formaciones de mediano tamaño están ganando cada vez más peso y podrían tener una influencia decisiva en las municipales, autonómicas y generales de 2015.
Veamos de momento qué ocurre en las urnas dentro de dos domingos, y después ya habrá tiempo para analizar las siguientes elecciones.
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Consultor político
JOSÉ LUIS SANCHIS es Asesor Empresarial en Imagen y Comunicación, así como Consultor político y Director de Campañas Electorales
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