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Sobre el machismo

miércoles 21 de mayo de 2014, 20:12h
Oscar Wilde era un tipo realmente peculiar. Suyas son algunas de las frases más ingeniosas y políticamente incorrectas de todo el XIX. Hizo de la provocación un arte, con cosas tales como “no hay nada como el amor de una mujer casada; es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea” o “la única manera en que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si es guapa, o con otra, si es fea”. Si llega a decir hoy algo así, le caería la del pulpo, y con toda la razón.

El machismo es una aberración en franco declive, aunque todavía hay focos de resistencia bastante enraizados. Algunos de ellos se camuflan tras chascarrillos que, carentes de toda gracia, siguen repitiéndose de forma inconsciente. Es ésta una batalla no exclusivamente femenina. Antes que mujeres y hombres somos personas que forman parte de una misma sociedad. Lo que les pase a unas afecta a los otros y viceversa. Con la igualdad entre hombres y mujeres ganamos todos, no sólo un sexo determinado.

La expresión más cruel y execrable del machismo es el maltrato a una mujer. Pocas cosas generan tanto rechazo. Imaginemos que hay un tipo sobre el que recae una sentencia judicial firme por maltratador, que se jacta de tener entre sus amigos a terroristas de ETA y que además ostenta un cargo público…¿Se imaginan? Pues tal tipo existe, y se llama Jesús Eguiguren; a la sazón, presidente de los socialistas vascos. Eso sí, a juicio de su compañero Ramón Jáuregui, que sea un maltratador es “un incidente del pasado”. Hay que joderse. Eso lo dice un hombre del PP y mañana serían cuatro los crucificados en el Gólgota.

Y entre bambalinas, el affaire Cañete-Valenciano a propósito del presunto machismo del primero. Veamos. Miguel Arias Cañete afirmó su presunta “superioridad intelectual” sobre Elena Valenciano. ¿Prepotencia? ¿Chulería? Quizá. ¿Verdad? Quizá también. La superioridad intelectual no es cuestión de géneros, sino de personas. Y el currículum de Miguel Arias Cañete es mucho más brillante que el de Elena Valenciano. El primero es abogado del Estado y profesor universitario. La segunda empezó derecho, pero no lo acabó porque le resultaba “aburrido” -sic- y nunca ha dado un palo al agua, viviendo siempre de los cargos que le ha dado el PSOE. Esto no es machismo ni feminismo, sino hechos constatables.

Habrá un montón de mujeres superiores intelectualmente a Miguel Arias Cañete, y Miguel Arias Cañete será superior intelectualmente a otras tantas. Y no pasa nada. Personalmente, si preciso asistencia jurídica o sanitaria, si quiero que mis hijos reciban clases particulares de inglés o necesito ayuda para hacer la declaración de la renta recurro a alguien competente; me da igual que sea hombre o mujer. Reconozco que las cosas no son tan sencillas en el mundo real, pues sigue habiendo una importante brecha salarial entre iguales tan incomprensible como necesaria de erradicar a la orden de ya. Pero de ahí a azuzar el fantasma del machismo con fines electoralistas va un trecho.

El caso de Elena Valenciano no es único. Más de una mujer de su partido ha tildado de ataques machistas lo que no eran sino críticas a su gestión, que no a su género. En el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero hubo mujeres intelectualmente muy superiores a la media, como María Teresa Fernández de la Vega, Cristina Garmendia o la tristemente desaparecida Mercedes Cabrera. Otras, como Bibiana Aído o Leire Pajín...en fin. Si hubiera seguido estudiando -y no será por falta de medios, ya que su entorno familiar es más que acomodado- vería cómo las oposiciones las aprueban las personas más preparadas, sean hombres o mujeres. Ahí no hay cupos: si hay 20 plazas de abogado del Estado y aprueban 20 mujeres, para ellas son. Aprueba quien vale. Fue el caso de Arias Cañete quien, sin embargo, cometió un desliz prepotente que ahora aprovechan Elena Valenciano y su caterva de progres para hacer una causa común que camufle sus carencias. Y eso no es ni machismo ni feminismo, sino ruindad.
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