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Escraches y agresiones en campaña

viernes 23 de mayo de 2014, 06:21h
El escrache violento a que fueron sometidos Alicia Sánchez Camacho y Cristóbal Montoro en Barcelona fue condenado ayer por la mayor parte de grupos políticos. Fue, eso sí, una condena “de perfil bajo”, especialmente por parte del PSOE, que se limitó a condenar casi por imperativo legal, a sabiendas de que muchos de sus dirigentes han jaleado y justificado los escraches. Conviene recordar que fue una jueza en tiempos asesora de la ministra socialista Bibiana Aído quien legitimó el escrache sufrido en su propio domicilio por Soraya Sáenz de Santamaría -quien, por cierto, también hubo de soportar otro durante un mitin este pasado martes, aunque por suerte no tan violento como el de sus dos compañeros de partido-.

En esta ocasión fueron independentistas catalanes quienes arrojaron piedras y botellas contra el coche en el que iban Alicia Sánchez Camacho y Cristóbal Montoro. En realidad, lo más importante es que un hecho así se produjera, si bien conviene llamar la atención sobre el cariz cada vez más exaltado que está adquiriendo el nacionalismo secesionista. Hace pocas fechas, el socialista Pere Navarro fue golpeado por la suegra de un concejal de CIU, y a principios de semana fue el propio ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, quien sufrió zarandeos e insultos en Barcelona -su ciudad natal-.

Es preocupante que se haga causa común de una expresión poco afortunada -que no machista, por más que se empeñe Elena Valenciano- de Arias Cañete, y que en cambio se intente echar tierra encima de estas intolerables agresiones. Coaccionar a un político para que no pueda expresar libremente sus legítimas ideas es tanto como violentar la democracia. Sea del partido que sea. En todo caso, se trata de comportamientos habituales en los movimientos nacionalistas radicales.
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