www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Décimo octava de feria

Solo una ovación para Gonzalo Caballero en la última novillada de San Isidro

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
El madrileño Gonzalo Caballero, que tuvo una valiente y reposada actitud, escuchó la única ovación en el festejo de hoy de la feria de San Isidro, una novillada deslucida en su conjunto por el juego del ganado y los desaciertos de los noveles.
La primera sorpresa de una tarde con escasas noticias positivas se produjo ya en el paseíllo, cuando el novillero madrileño Gonzalo Caballero salió al paseíllo envuelto en un curioso capote de paseo bordado con el escudo del Atlético de Madrid.

La dorada prenda, que se guarda en una vitrina del museo del equipo de fútbol de la ribera del Manzanares desde el año de su centenario, salió por una vez para cumplir con su verdadera función, que fue la de envolver a un torero durante el desfile inicial de la corrida para reposar luego, muy llamativamente, en una barrera del tendido nueve durante toda la novillada.

Atletista reconocido, Caballero mostró una actitud muy valerosa con su lote, con la misma entrega de los jugadores de su equipo, aunque insuficiente para lograr la victoria ni el trofeo buscado ante un lote descastado y deslucido.

Reposado siempre, muy asentado en la arena y dando a sus novillos todas las ventajas, con pureza en los cites y en el trazo de los pases, Gonzalo Caballero sólo pudo dejar apuntes de su buena proyección, primero, con un feo y desclasado utrero de Guadaira al que templó con mucha firmeza y, luego, con un quinto de Montealto vació de raza y que sólo pegó cabezazos.

Aun así, el novillero del Atleti se llevó una ovación, la única que tributó en toda la tarde el público de Las Ventas, que vino a reconocer toda esa entrega desplegada desde que hizo un ajustado quite por gaoneras al novillo que abrió plaza.

Ese primero de Guadaira, la remendada ganadería titular, le correspondió a Román, que también entró en sustitución del lesionado Martín Escudero después de cortar una oreja en la primera novillada de la feria.

El aspirante valenciano le puso empeño a ese novillo de comportamiento amoruchado, llevándose incluso una voltereta, pero sin conseguir mayor lucimiento.

En cambio, el cuarto de Montealto repitió sus prontas embestidas con cierta calidad a su muleta, sin que Román, demasiado apresurado, llegara nunca a cogerle ni a imponerle el ritmo en un largo e inexpresivo trasteo.

Del mismo cariz fue el tercero, el mejor de los utreros de Guadaira, que le cupo en suerte a Posada de Maravillas en su segunda tarde en el abono.

Pero le faltó reposo también a la faena del extremeño, que muleteó con poco mando y con escasa limpieza a un animal del que apenas sacó algunos instantes aislados de brillantez.

Con el sexto, voluminoso y sin entrega, Posada se extendió en una faena sin apenas estructura que remató cuando el reloj de la plaza marcaba exactamente las nueve de la noche, justo cuando en la corrida del día anterior aún se estaba lidiando el tercer toro.