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Crónica económica

El negocio bancario y la banca central

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Las crisis económicas tienen una raíz monetaria, pero consecuencias en la estuctura real de la economía. Entender lo básico de ese proceso es fundamental para saber lo que nos ocurre.
La pasada semana recogimos unas palabras de Jürgen Stark, que fue economista jefe que alertaba de la situación hacia la que nos encaminamos. Su razonamiento es que, al igual que la política inflacionista de los bancos centrales creó una burbuja que, al estallar, ha precipitado esta crisis, la respuesta para amortiguarla es más inflación, y por tanto más crisis futura.

En un momento de su exposición, dice: “Todo el sistema se basa en una pura ficción, y ha estado volando a ciegas desde 2008”. Con lo de la ficción se refiere, en particular, al núcleo del negocio bancario. Su negocio consiste en financiarse a corto plazo y prestar a largo plazo. Es decir, se financian con depósitos, y prestan hipotecas. Una situación que hace que estén permanentemente quebrados. Pero mientras renueven su financiación a corto, pueden mantenerlo. Como los intereses a corto plazo son menores que a largo plazo, los bancos se benefician de esa diferencia.

Desde el punto de vista operativo, ese “negocio bancario” se realiza por medio de la reserva fraccionaria. ¿Cuál es su historia? Se ha contado muchas veces. Lo cuentan James Turk y John Rubino en su libro The Money Bubble, en su capítulo 15. Y lo ha publicado SafeHaven. El origen de la banca en Europa está en los orfebres. Atesoraban, por su trabajo, metales preciosos. Y hacían del depósito también un negocio. Sus clientes les entregaban oro en depósito, y recibían un resguardo por esa cantidad. Ese resguardo adquiría el valor del metal por el que se puede redimir. Pronto descubrieron que podían obtener beneficio prestando resguardos sin respaldo. Podían mantener una fracción del metal que representan los resguardos, porque normalmente sus clientes no retiran de una vez todo el metal.

En esos orfebres, tras un proceso histórico de éxitos y fracasos, alianzas y fusiones, se convirtieron en bancos. La reserva fraccionaria permite multiplicar la oferta de dinero (y, si se vehicula en forma de crédito permite multiplicar el crédito) de forma elástica. Esto quiere decir que los empresarios aprovechan hasta donde pueden esas facilidades de crédito. Pero cuando comprueban que ese crédito no responde a un ahorro real y, en consecuencia, los no tienen los recursos que esperaban a su disposición, el sistema económico les muestra esa realidad y tienen que liquidar los proyectos inviables en los que se han metido.

Esto lleva a una economía maníaco depresiva, que en las épocas de boom llevan a la economía a períodos de prosperidad, que se interrumpen cuando la economía real no se ajusta a las expectativas de los empresarios, éstos pasan a liquidar, se deshacen los proyectos iniciados que ahora se revelan como malas inversiones, y se produce la crisis. Hay una corrida hacia la liquidez, una liquidez con la que contaban los agentes económicos, pero que no es real. Al final, los clientes de los bancos siempre vuelven para redimir sus resguardos.

Los bancos quieren beneficiarse de la creación ex nihilo de dinero, pero no quieren sufrir sus inevitables consecuencias. Esa es una de las fuerzas históricas que llevan a que se cree un banco central, que les proveerá de la liquidez necesaria para salvar la crisis, y salir adelante. Por descontado, los bancos centrales cambian la naturaleza de los ciclos económicos, pero no los evitan. Antes al contrario, los exacervan, pues logran extender los períodos de prosperidad con cantidades de liquidez y deuda que sin ellos serían inimaginables. Pero acaban siendo burbujas mayores cuyo estallido es crecientemente doloroso.

En eso estamos.
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