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san isidro

Mucha presencia y poco juego de la ganadería madrileña de Baltasar Ibán en Las Ventas

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
En todo lo que va de San Isidro no ha salido, y probablemente ya no salga, una corrida mejor presentada que la que envió para hoy en Madrid la ganadería de Baltasar Ibán.

Fueron seis toros de fina lámina, musculados, sin un gramo de grasa, de armónicas hechuras y muy en el tipo de su estirpe, que además presentaron unas muy serias y desarrolladas arboladuras.

Decían los cronistas antiguos que una buena presentación era lo mínimo que se le podía exigir a una ganadería cuando embarcaba sus ejemplares para ocasiones tan importantes. Así que, cumplido con creces, ese primer e importante requisito, los "ibanes" de hoy en Madrid dejaron mucho que desear en ese otro nivel de exigencia que es el de su juego.

Es cierto que casi todos fueron aplaudidos de salida y que además varios se arrancaron al caballo de largo y con alegría en la suerte de varas, para alborozo de los muchos partidarios que esta divisa se ha ganado con sus resultados en Las Ventas.

En cambio, una vez sentían el acero de la puya bladeaban bajo el peto sin empujar con celo o se dolían cabeceando el estribo. Y cuando tocaron a matar, prácticamente todos se fueron yendo a menos, apagándose y sin emplarse apenas tras las telas.

La única excepción a la regla fue el primer toro de la corrida, que descolgó el cuello para embestir a ras de arena desde el primer lance de capote de Fernando Robleño.

Fue, de lejos, el único toro verdaderamente bravo de la corrida, aunque con el lastre de no andar sobrado de fuerzas de los cuartos traseros, lo que mermaba en parte su recorrido tras los engaños.

Pedía el toro un mando templado que pocas veces encontró en la muleta de Robleño, al que faltó apostar más para aprovechar mejor la clase que el toro tuvo, aunque no regaló, sobre todo por el pitón izquierdo.

También se señaló, de otro modo, sobre sus hermanos un segundo toro que, al menos, aportó la emoción de su arisco temperamento, exigiendo un esfuerzo que finalmente hizo, sin resultados mayores, el colombiano Luis Bolívar entre la lluvia y el viento

De ahí en adelante, la tarde fue una sucesión de desengaños a medida que los de Ibán iban dejando en nada sus bríos iniciales.

El tercero, también bajo la llovizna, se afligió a mitad del solvente trasteo de Rubén Pinar; el cuarto, con dos tremendas "velas"", se desfondó tras el muy fuerte castigo sufrido en varas; el quinto apenas tuvo fuerzas para repetir una embestida; y el sexto, el más hondo de todos, no guardaba un ápice de raza dentro de su imponente trapío.