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feria de san isidro

Dos ovaciones para el confirmante Venegas por su valor en la corrida de Cuadri

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Dos ovaciones para el confirmante José Carlos Venegas fueron el merecido premio a la actitud y decisión mostrada toda la tarde con una imponente corrida de Cuadri, hoy en Las Ventas.
Un corridón de toros en lo que a presencia se refiere, con una media por encima de los seiscientos kilos, y aún mejor, el interesante comportamiento que desplegaron algunos de los ejemplares que trajo a Madrid el ganadero onubense Fernando Cuadri.

De los toreros, poco que destacar. Castaño, a la deriva con el lote más propicio en conjunto; García, en cambio, se estrelló con los dos toros más deslucidos; mientras Venegas, el más verde de la terna, anduvo digno, jugándose la vida a cara o cruz con el sexto.

El toro de la confirmación de Venegas, serio y hondo, respondió a los cites en el primer tramo de faena, queriendo empujar la muleta por abajo, sin embargo, fue parándose a medida que transcurría su lidia. El joven torero jienense le pegó pases estimables, sobre todo a derechas, en una labor que, como el toro, tuvo altibajos y acabó yendo a menos. No obstante, la impresión que dejó Venegas fue buena.

El que cerró plaza fue un toro encastado, de exigentes y temperamentales embestidas con el que Venegas estuvo más que dispuesto en una faena vibrante, que contó con pasajes de mucha congoja como la tremenda voltereta que sufrió en los primeros compases y los numerosos momentos de apuro que padeció .

No obstante, el hombre solventó la situación airoso y sincero, en una miscelánea de arrojo, amor propio y la lógica inexperiencia en estas lides.

Lo mejor de la primera faena de Castaño fue, una vez más, su excelente cuadrilla. Prodigioso capote de Marco Galán para afianzar y templar a un toro que no andaba sobrado de fuerzas, mientras que Fernando Sánchez y David Adalid con las banderillas fueron todo un espectáculo.

Luego, como suele ocurrir en Castaño, con la muleta bajó el diapasón, y eso que el "cuadri" tuvo catorce o quince muletazos para "crujirlo", pases, que, sin embargo, no brotaron en la profundidad y velocidad deseadas. La gente estuvo expectante con él hasta que pasó a censurárselo.

Idéntico panorama en el cuarto, otro toro con posibilidades en el que volvió a brillar la "infantería" de Castaño, sin embargo, él volvió a ahogarse en un mar de desconfianza y vulgaridad en la muleta, toreando siempre en línea en una labor intrascendente. El tendido que tanto había disfrutado en los dos primeros tercios se desesperó en el último y definitivo.

Iván García sorteó los dos garbanzos negros de la corrida. Su primero, grandón y cargado de kilos (642 según la tablilla), tuvo poca consistencia en la muleta: tardo, de viaje corto y sin humillar. García quiso mucho pero fue imposible.

El quinto tampoco tuvo voluntad de embestir, "dormido" y al paso en la muleta de un García que no pudo sacar nada en claro de tan deslucido oponente.