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LA ABDICACIÓN, NI IMPROVISACIÓN NI TORPEZA, NORMALIDAD

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
La devaluación de la moneda no se anuncia hasta instantes antes de producirse para evitar especulaciones y contradicciones. La Casa del Rey, tan certeramente dirigida por Rafael Spottorno, ha conseguido la proeza de que, en el patio de vecindad en que se ha convertido España, no se haya filtrado una decisión que hubiera dado ocasión a la especulación y el despropósito. En solo tres semanas habrá quedado resuelta una abdicación largamente meditada en la que todo o casi todo está previsto, aunque la solución de las cuestiones protocolarias deban ser abordadas con poco tiempo, pues en otro caso la decisión de la abdicación se hubiera filtrado. Si hay una palabra que defina la situación actual y el trasvase en la Jefatura del Estado es la normalidad. Con Don Juan Carlos, en 1975, todo fue incertidumbre, que se prolongó hasta la firma de la Constitución en 1978. Ahora, España está regida por una Carta Magna democrática y, a pesar de los empellones de algunos, la sucesión se está produciendo con la más completa normalidad. El Rey firmará la abdicación en el Palacio Real, con la grandeza histórica que su decisión supone, y al día siguiente el nuevo Rey Felipe VI jurará la Constitución ante las Cortes Generales, que representan la soberanía nacional, la cual reside en el pueblo no en el Monarca. Y eso es todo. Unos días complejos en los que se da un paso adelante en la Historia de España con el agradecimiento general al Rey que se va y la esperanza cierta en el Rey que llega.

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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