Rafa Nadal conquistó su noveno título de Roland Garros tras vencer en la final a Novak Djokovic por 3-6, 7-5, 6-2 y 6-4 en algo más de tres horas y media. El tenista español , que se mantiene como emperador de París en una temporada de tierra menos buena que otros años, sigue batiendo récords e iguala con este triunfo los 14 Grand Slams de la leyenda Pete Sampras.
Noveno
Roland Garros, decimocuarto título de Grand Slam igualando a
Pete Sampras y con 41 títulos si se suman los 27 Master 1000. Números y récords que alargan la lista hasta el infinito y cuyo autor tiene un nombre: Rafa Nadal.

En la final de Roland Garros diputada en la Philippe Chatrier, la segunda casa de Nadal, el español se impuso a
Novak Djokovic por 3-6, 7-5, 6-2 y 6-4 en algo más de tres horas y media. Con este encuentro, los enfrentamientos entre el serbio y el español alcanzaron las 42 citas, el mayor número de veces que dos tenistas se han visto las caras en la era Open, seis de ellas en la final de un Grand Slam.
Así pues, con estos alicientes, la tierra batida de París contempló de nuevo un duelo entre dos mitos del tenis. Pese a una trayectoria más regular del serbio en el torneo y en la temporada de tierra- había vencido a
Nadal en los últimos cuatro duelos-, las sensaciones mostradas en semifinales por ambos cambiaron las tornas. El calor, presente el viernes, hizo mella en el estado de
Djokovic y este domingo, pese a las previsiones de lluvia a partir de las siete, volvió a hacer acto de presencia.
El comienzo del partido, pese a la igualdad en el tanteo, fue del serbio. Se le veía más fresco, centrado y cometiendo menos errores que Nadal, que no terminaba de tomar el pulso a su revés. Firme en el saque y con un resto demoledor,
Djokovic se llevó la primera manga con un ‘break’ en el octavo juego que dejó en sus manos poner el 3-6 inicial.
El segundo set fue algo más movido. Con unos primeros juegos de ambos seguros con el servicio, el duelo empezó a tomar forma en el sexto juego.
Djokovic abortó una primera bola de rotura de las que dispuso
Nadal, que no perdonó a la segunda ocasión. Justo después, el número dos se desquitó devolviendo el ‘break’. El baile entre ambos seguía siendo equilibrado hasta el 5-5, momento en el que Nadal logra un juego en blanco para el 6-5. A continuación, le rompe el servicio de manera contundente a Djokovic e iguala el partido con el 7-5.

La sensación de fortaleza pasó al lado del español a la vez que el calor parecía afectar al serbio, que acudía al banquillo con cara de circunstancias. El golpe moral de Nadal continúo de manera contundente durante la tercera manga, logrando un 3-0 de inicio que provocó que Djokovic arriesgara más en su juego. De poco sirvió el intento de revulsivo ya que el set fue para el balear por un claro 6-2.
Cuando la final parecía tener color español, el físico se fue igualando y por lo tanto el tanteo, con unos primeros juegos en los que el de
Manacor tenía problemas con el saque. Nadal supo rehacerse con buenos primeros y en el sexto juego consiguió un nuevo ‘break’ que le dejaba con el 4-2. Cuando parecía que había dado la puntilla a la final, Djokovic no había dicho su última palabra.
Inmediatamente después le devolvió la rotura y empató el set con un saque firme. El siguiente juego sirvió como resumen perfecto del partido: los dos jugadores al límite, con Nadal tratando de llevar de un lado al otro a Djokovic, que se defendía con un gran resto y con golpes demoledores para el español mandándolo al fondo de la pista, de punto en punto, hasta que un golpe de Nadal forzó el error del serbio para pone el 5-4. Las consecuencias de esa batalla se vieron en el siguiente juego. Nadal, a un paso de la gloria que bien conoce en París, no permitió ningún susto más y tras otra rotura, puso el definitivo punto de la final.
3-6, 7-5, 6-2 y 6-4 ante el número dos, su rival en la ATP pero no en la tierra de París, cuyo emperador indiscutible nació en Manacor y se llama Rafael Nadal, donde desde su atalaya como mejor tenista del mundo "nueve Roland Garros le contemplan".