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en atresmedia café

[i]Atresplatos[/i]: microteatro cinco tenedores

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Este domingo arrancó dentro de la programación del Atresmedia Café (Gran Vía, 55), Atrestartas / Atresplatos, una divertida propuesta de merienda o cena amenizada por microteatro en un original formato, escrita por Carlos del Hoyo y Dirigida por Elena González.
Los que no se resisten a exprimirle a la crisis un lado positivo suelen aferrarse al chorreo de creatividad y emprendimiento que aflora en tiempos difíciles, en una especie de ‘muévete o muere’ que de tanto en tanto culmina en brillantez. El sector cultural ha demostrado ser uno de los mejores caldos de cultivo de este fenómeno: ha abrazado el crowfunding como alternativa para alumbrar proyectos de primer nivel, ha roto la dictadura de los grandes espacios, alimentando la red de pequeñas salas, o buscado coproducciones como el respirar. Nuevas iniciativas que surgen por la necesidad de adaptarse a las circunstancias y terminan sentando cátedra y cuya máxima expresión bien podría ser el microteatro. Este formato dramatúrgico en monodosis cuyo concepto requiere ya poca aclaración ha sabido adaptarse tanto a las necesidades económicas a ambos lados del escenario como a los cambiantes hábitos de consumo, hasta tal punto que la novedad empieza a ser ya base consolidada de nuevos experimentos. Durante este mes de junio ha arrancado la programación del nuevo Atresmedia Café, el antiguo Cuarenta Café de la Gran Vía madrileña ahora apadrinado por la productora homónima y que abrió sus renovadas puertas a mitad de mayo. Entre monólogos (otra a veces obligación escénica de la crisis con gran aceptación popular), música en directo y karaoke, aparece tímidamente Atresplatos, que arrancó el pasado domingo con una vuelta de tuerca al teatro en su versión micro y sacudiéndose la timidez de golpe y plumazo.
La propuesta: una cena de tres platos amenizada por tres micro obras de quince minutos cada una. El valor añadido: el formato, que integra el espacio-tiempo dramático en el restaurante mismo, fundiendo a actores y público en una misma cosa. No hay un escenario ni las mesas están dispuestas a imagen y semejanza de un patio de butacas, al estilo The Hole. Pero tampoco el drama se apropia de los espectadores, como en algunos shows de cena-espectáculo más invasivos, con actores-barra-animadores. Seamos sinceros: todos hemos oído o, admitámoslo, escuchado conversaciones ajenas, robadas de la mesa de al lado. Atresplatos viene a ser eso, aunque sin la necesidad de afinar el oído ni el temor a la clásica mirada reprobadora que alguien te lanzará tarde o temprano. Con guión de Carlos del Hoyo y dirección de Elena González, Atresplatos aúna el acto socio-cultural (sobre todo en la tradición mediterránea) de reunirse en torno a la gastronomía con el consolidado éxito de la experiencia del microteatro. Y lo hace sin costuras. Dos horas del ocio más cultural o la cultura más recreativa, lo mismo es, del derecho o del revés. Con la naturalidad y la frescura que exige este formato, los jóvenes actores Agustín Mateo, Lara Belenguer, Irene Escalada y Guillermo Llansó se sientan a la mesa para dibujar tres piezas con un denominador común: el humor sin complejos. Entre inteligente y absurda, lo mejor de la comedia que encierra el menú de Atresplatos es que no tiene más pretensión que hacer disfrutar, reír, a veces con media sonrisa por lo ingenioso del comentario, otras, con una carcajada irreprimible (curiosa, si te pillan con la boca llena), o con la risa nerviosa de verse reconocido y caricaturizado en estos particulares comensales. En las tramas, un universo fácilmente reconocible para cualquiera que viva aquí y ahora y especialmente familiar e identificable para toda una generación que hoy ronda la treintena y no le queda otra que atiborrarse de Biodramina y lanzarse al torbellino del ‘muévete o muere’. Las citas por Internet, Laura Pausini, y los ex compañeros de clase a los que les va mejor que a ti; los ‘ya te llamaremos’ que cierran cada entrevista de trabajo, las crisis de pareja y el pop; las suegras, las madres, el fenómeno fan… La casi nunca decepcionante fórmula de hacer humor de la cotidianidad funciona como un reloj suizo en Atresplatos, que se completa con su gemela en sesión de tarde Atrestartas, las mismas obras durante una merienda. En el primer plato, el calentamiento: “¡Ah! ¡Que de esto va la cosa!”. El segundo mantiene la temperatura de la sala: “Vaya, pues estoy pasando un buen rato”. Y de postre: un festival de tiramisú.
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