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ENSAYO

Anne Applebaum: El telón de acero. La destrucción de Europa del Este 1944-1956

domingo 13 de julio de 2014, 15:38h
Anne Applebaum: El telón de acero. La destrucción de Europa del Este 1944-1956

Traducción de Silvia Pons Debate. Barcelona, 2014. 703 páginas. 29,90 €. Libro electrónico: 11,99 €

Por Alfredo Crespo Alcázar


Anne Applebaum nos presenta una obra que supone una radiografía exacta de la verdadera naturaleza del comunismo, con independencia de los apellidos que adopte esta ideología (estalinismo, leninismo…). Una labor documental espectacular (consulta de archivos, entrevistas con protagonistas de la época, revisión bibliográfica que incluye más de 20 páginas, recursos gráficos a través de fotografías y cartografía…) verifican el contenido y convierten al libro en un referente para todo el que quiera conocer la historia del siglo XX.

Es, principalmente, una obra crítica, tanto con la URSS pero también, aunque en menor medida pues no es el objeto de estudio, con las democracias occidentales, cuyo interés marginal por el liberticidio que se perpetraba en el Este de Europa dejó manos libres a Stalin para imponer su “doctrina”.

Al respecto, la cooperación necesaria, en forma de actuación servil, de aquellos aborígenes que hacían las veces de embajadores del PCUS, fue igualmente decisiva. En este sentido, resulta destacado el recorrido por las trayectorias vitales y políticas de personajes más desconocidos para la opinión pública como Rakosi (Hungría), Beirut (Polonia) o Ulbricht (RDA). También nos describe la actitud de quienes se desviaron de la “doctrina oficial”, como Tito (Yugoslavia). De hecho, el que se apartaba de aquélla era acusado de “Titoista” y se le responsabilizaba de que el comunismo no terminara de arraigar.

Por tanto, si hay naciones que pueden exigir legítimamente una suerte de reparación histórica, son las del Este de Europa. Applebaum se centra en Hungría, Polonia y la extinta Alemania del Este, principalmente. Todas sufrieron los horrores del nazismo y, tras 1945, del comunismo. En el medio, la Segunda Guerra Mundial que para ellas supuso la pérdida de población (alrededor de un 20%) y la destrucción de infraestructuras.

Sin embargo, lejos de mejorar el panorama al término de la segunda conflagración mundial, empeoró hasta límites insospechados. Este fenómeno se atisbó desde el inicio de la ocupación soviética cuando se rechazó la competición democrática y la libertad de prensa se convirtió en una farsa.

En consecuencia, apareció un cuadro que pervivirá durante décadas y que la autora resume de manera magistral: “A finales de 1948, la política no había finalizado en las democracias populares. Sin embargo, la política se había convertido en algo que se desarrollaba, no entre varios partidos, sino en el seno de un único partido. Y así se mantendría” (pág. 301).

Incluso con ello, el choque con los deseos de Moscú eran evidentes, puesto que las poblaciones afectadas lejos de entregarse a los brazos soviéticos, comprobaron in situ que no existía señal alguna del (supuesto) paraíso que se les prometía machaconamente, mientras Occidente (Plan Marshall) iniciaba su recuperación.

Así, limpieza étnica (en claro contraste con el supuesto internacionalismo comunista), represión (a través de la policía secreta, por ejemplo), hambre (el comunismo no tuvo problemas en alterar los presupuestos económicos del marxismo), búsqueda de la uniformidad social (con la educación como herramienta principal a través de la cual se fomentaba una imagen adulterada de Stalin, sin olvidar la purga de los cuadros docentes previos), fueron los rasgos objetivos que caracterizaron a las “democracias populares”.

En definitiva, la combinación del miedo producto de la represión, el apoyo de intelectuales occidentales (Picasso, entre otros) o la aportación valiosa de los colaboradores renuentes, facilitó que estos regímenes liberticidas subsistieran hasta 1989. No obstante, la autora reitera: nunca tuvieron el apoyo de sus sociedades y su dirigencia política solo sirvió de modelo e inspiración para dictadores de otras latitudes geográficas (Cuba, Libia o Angola).




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