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TRIBUNA

El nacionalismo pospujolista y la inserción de Cataluña en el Estado

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 31 de julio de 2014, 20:24h

La confesión de Jordi Pujol, referida a que durante su vida como dirigente político había ocultado en el extranjero su fortuna personal y familiar, ha estremecido los cimientos de nuestra democracia. Según se vayan conociendo la magnitud de su comportamiento fraudulento (y tal vez delictivo) de él y de su familia, aumentará la devastación moral que tales hechos desencadenan.

         Jordi Pujol ha sido el modelo para la mayoría de los políticos autonómicos de los últimos treinta años. No me refiero a sus prácticas corruptas, pues la mayoría de los representantes autonómicos ejercieron sus cargos con completa honradez y transparencia. Fue un modelo porque la mayoría de los dirigentes de las demás Comunidades Autónomas siguieron la táctica creada por Pujol, táctica que consistía en exigir, primero, competencias al Estado, y después, dinero para financiarlas, con el gran argumento de poseer “hechos diferenciales”.

          Para Pujol, y para los nacionalistas catalanes, vascos, etcétera, los “hechos diferenciales” eran la lengua, los conciertos económicos, la llamada “insularidad”, fundamentalmente….En poco tiempo, cada dirigente autonómico inventó -en el sentido de “la invención de la tradición” de Eric J. Hobsbawn- su propio “hecho diferencial”: la extensión, el despoblamiento, el agua de un río, el patrimonio artístico, la deuda histórica, y todas cuantas singularidades se abrían a la imaginación de una nueva “inteligentzia” regional (un ejemplo de invención:Artículo 57 del reciente Estatuto de Autonomía de Valencia: “El Real Monasterio de Santa María de la Valldigna es templo espiritual, histórico y cultural del antiguo Reino de Valencia, y es, igualmente, símbolo de la grandeza del Pueblo Valenciano reconocido como Nacionalidad Histórica.” Se trata del vestigio del convento que rigió Rodrigo Borja, que sería más tarde elegido papa Borgia, recordado por su vida fascinante y disoluta. ¡Las mayúsculas de la Ley son verdaderamente apropiadas!).

         Durante esas décadas, Pujol -y no los dirigentes autonómicos vascos- fue líder en esa táctica, no sólo por su estilo sutil, sino porque Pujol acataba y defendía la Constitución de 1978. Ese compromiso de CiU con la estabilidad constitucional se vino abajo, entre otras cosas, porque los gobiernos de Maragall, y de Rodriguez Zapatero, no lo tuvieron en cuenta: alegremente arrinconaron a Pujol aliándose con ERC (que era manifiestamente contraria a la Constitución) y con otras fuerzas parecidas en el Parlamento de Cataluña, y CiU no tuvo entonces ningún freno para quedarse más tiempo dentro del orden constitucional.

          El desastre del pujolismo  ha llevado a pensar a algunos analistas que el desafío independentista ha fracasado. Con CiU gravemente afectada en su credibilidad política, las clases medias catalanas se retirarán de la ofensiva soberanista, y ésta quedará limitada a la estrategia radical, casi revolucionaria, de ERC y de la “Assemblea Nacional Catalana” de Carme Forcadell.

          Aunque los principales medios de comunicación catalanes, como “La Vanguardia”, el grupo Godó, y TV3, intentan a toda costa salvar a CiU (han creado la teoría mendaz que lo confesado por Pujol “no se trata de corrupción sino de una ocultación al fisco”), gran parte de sus votantes ya no confiarán en sus promesas, y menos, en su capacidad para conducir a Cataluña hacia horizontes utópicos, inseguros, cuando no secesionistas.

         ¿Es imposible ahora la independencia de Cataluña? En mi opinión, siempre lo ha sido. La secesión es un concepto sin sentido, una propuesta absurda, un gesto político muerto hace tiempo, en una España que está comprometida con el proceso de unidad europea.

          Ahora bien, el soberanismo catalán puede intentar seguir con el proceso contrario de ruptura con el Estado (y con Europa), sin tener que esperar a los sectores sociales más tibios, como son los votantes de CiU. El referéndum del 9 de noviembre, como manifestación de la voluntad independentista, tiene menos posibilidades que nunca de realizarse. Pero esto no asegura que el conflicto se ha esquivado. Por el contrario, sin el pujolismo, los independentistas intransigentes verán su gran oportunidad política y electoral. Pueden buscar el enfrentamiento con el Estado, con la creencia de absorber y monopolizar en el futuro todo el campo del nacionalismo catalán. El nacionalismo catalán siempre ha encontrado sus símbolos en alguna derrota simplificada del pasado. La pregunta es si Mas tiene hoy una salida para Convergencia que no sea competir dentro del campo de los radicales. En cualquier caso, si estos pronósticos míos se cumplen, la crisis de Cataluña afectará a toda España.

         El presidente del Gobierno ha hablado con el nuevo líder del partido socialista, y éste acababa de conocer las propuestas del también nuevo líder del partido socialista catalán. Mariano Rajoy, por lo tanto,  ha podido hablar con el president Mas con un amplio apoyo detrás. ¿Es suficiente? Pienso que no. Frente a la disgregación y radicalización del nacionalismo catalán, la unidad de los constitucionalistas parece imprescindible. Tal vez sea lo único que evite el conflicto. 

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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