El ataúd con los restos del padre Miguel Pajares, primer español fallecido a causa del ébola, ha sido sellado con una cinta de zinc, y el cuerpo se ha introducido en un sudario especial.
Así lo han explicado a Efe fuentes del personal que ha llevado a cabo esta operación a las puertas del hospital madrileño Carlos III, donde ha estado ingresado el religioso durante cinco días tras ser repatriado de Liberia.
El féretro es de "material normal" para su posterior incineración, pero se ha sellado con una cinta de zinc y se ha revestido el interior con un sudario de tela especial y cremalleras, en cumplimiento de los protocolos para evitar la propagación de la enfermedad.
Los cuerpos de los contagiados tienen una elevada carga viral por lo que no se les puede velar ni preparar en el modo tradicional, con el que se tratan todos los cadáveres antes de su entierro. Se desconoce, hasta el momento, donde se llevará a cabo la cremación si bien el coche funerario con los restos del sacerdote ya ha salido del centro sanitario con rumbo desconocido.
La familia del sacerdote ha anunciado que será enterrado en el panteón de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, un supuesto que todavía no ha sido confirmado por la institución.